Super Bomberman 2

Tal día como hoy el 7 de Septiembre del 2007... 
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Yo no soy un gran jugón. Desde las épicas batallas on line del Diablo II no he vuelto a viciarme masimavente a ningún juego. Y, en aquella época, al final, jugaba ya más por avaricia, por sed de poder, por pasar de esa insignificancia de nivel y llegar a lo más alto y conseguir los objetos más majos expulsados por alguno de los jefes de nivel, con mi armadura y el utillaje típico de los buscadores de tesoros, todo engarzado con topacios perfectos para aumentar el chance, la probabilidad de conseguir objetos buenos. Pero eso es otra historia.

Los mejores ratos siempre los he pasado en compañía; y los más mejores de todo el Universo, en compañía del Super Bomberman 2 de Super Nintendo en su opción multijugador. Ha habido más Bombermans, pero ninguno me ha proporcionado más horas de diversión.
Para los sacrílegos que ignoren tan magna obra japonesa, el Bomberman es un juego que consiste en manejar un monigote que pone bombas a troche y moche a lo largo de una pantalla llena de enemigos a los que matar y bloques con jugosas sorpresas que explosionar. Cada bomba desprende una llama en las cuatro direcciones que indica su alcance.

La versión para un jugador es ni fu ni fa. Tienes que ir destruyendo diferentes enemigos, con diferentes habilidades y resistencia de acuerdo al nivel en el que te encuentres, hasta llegar a un final, supongo, al que yo nunca he llegado. No hay mucho que cortar por ahí.

Lo entretenido de verdad llega en su versión para dos jugadores (en el caso del Super Bomberman 2; en el Bomberman World de Playstation, por ejemplo, pueden jugar hasta cinco). Cada uno comienza en una de las cuatro esquinas de la pantalla, asignada aleatoriamente. Las prisas en ese caso no son buenas, y en más de una ocasión me he encerrado al poner una bomba sin querer justo donde no podía escapar de su alcance (con el consiguiente deceso de mi personaje).
Según avanza el combate, los personajes controlados por los jugadores y los controlados por la máquina van adquiriendo habilidades al recolectar power-ups, que se encuentran al dinamitar bloques: velocidad, potencia, capacidad para patear bombas o agarrarlas con la mano o poner más de una seguida. Cuando una de tus bombas se carga a algún contrario, todas las habilidades que tenía se desperdigan por un lugar cercano y las puede coger cualquier otro jugador (o destruirlas con una bomba). Al final, cuando sólo quedan dos bombermans dopados hasta las trancas de power-ups, corriendo a todo correr, poniendo bombas de máxima potencia de ocho en ocho e intentando mutúamente encerrarse, el juego gana un puntito muy especial. Muchas veces te encierras con tus propias bombas, ya que a las velocidades a las que transcurre el juego en ese momento no es del todo sencillo controlar bien al monigote. Otras se acaba el tiempo y nadie gana. Y otras ganas tú, obteniendo satisfacción, orgullo y reconocimiento social; en ocasiones incluso hasta sexo oral. Depende de como te lo montes. Lo que sí que consigues seguro es comenzar la siguiente batalla bañado en oro.


El Bomberman 64, para la Nintendo 64, otorgó más movilidad al personaje, con un escenario en 3D lleno de villanitos adorables que reventar. Fue algo grotesco. Otras versiones de Bomberman han incluido novedades no tan… “novedosas” como la de la N64, aunque tampoco han llegado a hacerse con un huequecito especial en mi corazoncito. Mejores gráficos, más opciones, mayor variedad de power-ups, personajes diferentes con dispares habilidades… Pero el mítico de verdad, el que me conquistó, ése fue el Super Bomberman 2.

Con faldas y a lo loco

Tal día como hoy el 5 de Septiembre del 2007... 
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Como todo el mundo sabe, lo que diferencia a un hombre de una mujer es que los primeros llevan pantalones y el pelo cortado a cepillo, mientras que las últimas siempre lo llevan largo y visten faldas. Conscientes de este hecho, los cuatro trazos poco detallados de los muñequitos calvos de las señales de tráfico o los semáforos dibujan un contorno masculino; un hombre adulto, de mediana edad, caucásico y con ladillas. Las féminas llevan coletas y falda. Las féminas, los escoceses y los travestidos, pero no nos vayamos a liar.
Con la finalidad de mantener el orden público y no dejar desamparadas a todas esas mujeres que no se sienten identificadas con el monigote que indica cuándo está el semáforo abierto o cerrado para los peatones, con la consiguiente angustia y desorientación que eso puede producir, varios ayuntamientos se han decidido a modificar esos malévolos leds impuestos por la autoridad fálica y el machismo consustancial de las modernas sociedades.
Desde esta bitácora, concienciada y adoctrinada en todas esas gilipolleces del sexismo respecto del lenguaje neutro y en otros ámbitos igualmente (igualmente, he de repetir) estúpidos, queremos felicitar a los responsables de tal medida e instarlos a acoger políticas en el mismo sentido con respecto a enanos y lisiados. Creo que es justo recordar y tener en cuenta que no todos poseemos un antebrazo izquierdo o conservamos la pantorrilla derecha.
Gracias a estos nuevos cambios, impulsados por los responsables políticos, las mujeres ven al fin reconocida por la sociedad su capacidad para cruzar pasos de peatones.

Lugar y momento equivocados

Tal día como hoy el 5 de Septiembre del 2007... 
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O por qué se metió la rana una toallita por el culo.


La mente de algunos publicistas es verdaderamente perversa. ¿Por qué se meten todos los críos juntos en el baño con la rana? ¿Es quizás las rana miembro de NAMBLA? En fin, nunca lo sabremos.
Os dejo el siguiente video para que podáis valorar por vosotros mismos hasta donde alcanza la perversidad del personaje.


¿No os recuerda a esos campamentos de verano tan inocentotes que organizan en Rusia los jóvenes seguidores de Puttin?

Creatividad electromagnética

Tal día como hoy el 4 de Septiembre del 2007... 
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Tengo un amigo que es un cachondo. Hubo una época en la que cada vez que me comentaba o exponía cualquier idea que se le había ocurrido, comenzaba con la frase: “estaba el otro día jiñando…”. Ya se sabe: donde hay confianza, da asco.
La semana pasada, se me ocurrió en la ducha algo que me pareció tan divertido que casi me desnuco contra uno de los bordes de la bañera. Justo en ese momento se me pasó por la cabeza que quizás nada de eso fuese casual. Que quizás, por alguna razón, el baño está diseñado de tal forma que nuestra creatividad se ve incrementada en él.
Pensé en algún método de validar mis sospechas, de encontrar las causas que podrían hallarse detrás de este extraordinario hecho. Habiendo descartado que se tratase de algún acontecimiento asociado al uso que normalmente se hace del baño, como que tenemos más tiempo para pensar sin ninguna distracción evidente, por ejemplo, calculé a ojo el tiempo y esfuerzo que tendría que invertir en desentrañar tan fascinante misterio. Seguidamente levanté levemente mi camiseta, me rasqué la barriga y caminé hasta el sofá, donde me tumbé y encendí el televisor.
Casualidades de la vida, estaban pasando por el canal Odisea (me parece) un documental sobre casas encantadas. En el mismo, un psicólogo ponía a prueba, en un entorno apto para las apariciones fantasmales, a varios crédulos, quienes reportaban haber vivido, en el transcurso de la prueba, experiencias extrañas como sentirse observados o escuchar ruidos raros. Las experiencias eran reportadas siempre sobre la misma habitación. El psicólogo arguyó que el aspecto fantasmagórico de ésta junto con la predisposición a creer y un campo electromagnético adecuado habían sido, probablemente, la causa de esas vivencias peculiares que comentaron los sujetos puestos a prueba.
En ese preciso momento levanté bruscamente la cabeza, mareándome levemente, y, con los ojos tan abiertos que parecía que se me iban a salir de las cuencas, relacioné ambos casos. Ya existía la creencia de que la creatividad se disparaba en el baño; es evidente que el baño, con su sosiego y su aspecto impoluto, es un entorno adecuado para desarrollar cualquier tarea intelectual; pero, ¿y el campo electromagnético? ¡Hombre, es que eso se da por hecho! Si es raro, diferente al del resto de las habitaciones, no hay más que argumentar. Si es exactamente el mismo, es justo el adecuado para el desarrollo intelectual y… no hay más que argumentar. Sea como sea, gano.
Levanté los brazos por encima de mi cabeza y me ovacioné. Si lleva la palabra ‘electromagnético’, sólo queda recostarse y esperar. Quizás me soliciten pruebas, pero yo tengo, indudablemente, la razón; tengo una hipótesis que suena coherente.
Ah… el contexto del descubrimiento; cuánta manga da y qué divertido es.

El santuario del señor Roca