Satán, yo te invoco
Tal día como hoy el 19 de Septiembre del 2009...
Archivado en El fascio escéptico | Excreta tu opinión...
“Me llamo Psicopanadero y soy un adicto”. He vuelto a caer. Soy débil. Pero qué programa, amiguitos del misterio. Qué voces, qué cadencia, qué verbo, qué erudición. Seré fácil de encandilar, pero es que ellos son unos zalameros del sobrenatural zetoso, de la parapsicología bizarra y del ocultismo pop. (Esto último lo he copiado de por ahí, ¿qué tal queda?). Sí, ya lo habréis adivinado; o no, que será lo más seguro. Estoy hablando de los Vázquez Bros., prueba patente y arrogante de que Dios existe y es un cachondo.
En ésta su última, no nueva, cuidado, pero sí última, aventura radiofónica han hablado sobre su hinbestigación en un hospital abandonado y medio ruinoso, probablemente de noche y con linternas a lo Expediente X; porque la valentía y heroicidad, así como el poco seso, de los estudiosos del misterio no conoce límites. Y no sólo han grabado, con los confiabilísimos métodos de control para evitar fraudes o errores que todos conocemos y que no voy aquí a repetir, prístinas voces psicofónicas que se comportan, cómo no, según lo predicho por la casuística; ay, amiguitos, la casuística, qué sería de nosotros sin la casuística. Han hallado también… ¡claras pruebas de la actuación de pérfidos grupos satánicos!
Ah, las sectas satánicas. Joven milenario, puede que si lees ésto o escuchas la maravillosa y profesionalérrima tesis, porque cada programa de los Vázquez Bros. es pura tesis, no captes todas las sutilezas de la amenaza sectárea satánica. Hoy día, los satánicos son más o menos como los testigos de Jehová, los judíos, los islámicos… como los católicos no, que ya se sabe que en éste nuestro gran país aconfesional ellos todavía tienen bula, pero, en fin, no sé si me explico: como todas estas agrupaciones de gente con creencias absurdas e irracionales. Sus ideas están protegidas por la ley y el derecho fundamental de cada persona en creer la majadería y aberración que le venga en gana. Pero antes, oh, antes no era así. Los satánicos, como los masones y otros infraseres por el estilo, eran perseguidos, generalmente desde los medios ocultistas, como bien puedes comprobar en la grabación que a continuación se presenta y, dentro de la misma, en un audio de
Con la explícita voluntad expresada de “no quiero ser sensacionalista”, don Santiago Vázquez nos guía por el grotesco mundo satánico con su habitual tono didáctico, previniéndonos sobre este peligroso ámbito de blasfemia y pecado. “Decir a la gente que con el satanismo no se juega. Las energías negativas de cada persona que hace un rito satánico pueden producir un mal a la persona a la que se le ha inflingido, digamos, esa persecución energética”. Ahí queda eso.
«Esto es todo un movimiento. Todo un movimiento delictivo que puede causarnos muchos problemas. [...] Las sectas satánicas entrañan un gravísimo peligro, un gravísimo peligro. Tan grave como que puede arrastrar a determinados grupos juveniles, y no tan juveniles, puede arrastrarles no solamente a la delicuencia sino a la inmolación [...] Mucha gente se pregunta: “bueno… ¿son locos?”. No, no son locos: son satánicos. “¿Son drogadictos?”. Sí. Pero son drogadictos satánicos».
—Antonio José Alés Y hasta aquí puedo leer.
Nuestras investigaciones en “El Hispano”: un hospital abandonado (1ª parte)
Nuestras investigaciones en “El Hispano”: un hospital abandonado (2ª parte)
Horizonte final
Tal día como hoy el 10 de Septiembre del 2009...
Archivado en En Cinemascope | 11 murciélagos...
Hace mucho que no comento por estos lugares alejados de toda cordura, decencia, pudor o virtud ninguna película; qué mejor que volver con algo de míster Paul W. S. Anderson.
Creo que, en primer lugar, amerita una explicación sobre cómo llegué a considerar el visionado de esta marcianada de elevado presupuesto y con sus buenos doce años de antigüedad. Fui, por decirlo de alguna manera, engañado por las circunstancias y coaccionado por la ignorancia; y todo ello con nocturnidad.
Esta tragedia, y mi sufrimiento y deterioro físico, mental y espiritual consecuentes, comenzó en un foro. Uno de los camaradas de tan magna institución hizo conocer al resto su excelente opinión sobre las secuelas de la no suficientemente glorificadaMatrix . Tras la sorpresa inicial y después de santiguarme frente al monitor, expresé con suma educación el hecho incontrovertible de que dichas producciones no eran sino signo del fin de los tiempos, obras perversas y furibundos alegatos en contra de la especie. Pero, para mi sorpresa, mis pareces estaban menos extendidos de lo que en principio podría pensar.
Abatido y desesperanzado, recordé un texto reciente en el cual se listaban diez películas de ciencia ficción que merecerían ser arrojadas a un agujero negro, e intenté superar mi melancolía jactándome de ellas y reconciliando mis sentires con los de aquellas gentes. Fue entonces cuando surgió el clamor y la crítica ante la injusticia y desconsideración a esta creación que hoy, queridos hermanos, voy a compartir con vosotros. No era una excelente película, decían, pero no se merecía un final tan cruel. Espero que los siguientes párrafos sirvan como contraargumento eficaz de semejante juicio.
Nos encontramos en un futuro cercano; un futuro donde los viajes interplanetarios se dan con relativa frecuencia pero a velocidades moderadas, lo que hace que el paseo tenga mucho de dolor testicular, criogenizaciones mediante. Sam Neill, que es un listo, acompaña a Laurence Fishburne y su tripulación hasta las inmediaciones de Saturno, Júpiter, Neptuno o algún lugar de por ahí, donde se encuentra la Event Horizon, un armatoste con pinta de caro. Haciendo uso de un manual de física adquirido en una tienda de artículos de broma, Neill explica a Fishburne y compañía que el coso aquél se desplaza instantáneamente por el espacio agarrando el Universo del envés y doblándolo por el centro para hacer coincidir origen y destino, o algo así. Pero su ojiplático auditorio no dispone de tiempo para digerir la patada en la entrepierna pues todos tienen algo de prisa por terminar el trabajo, que han hecho planes para dentro de dos meses y no es cuestión de retrasarse intentando comprender las inconcebibles y absurdas nociones pseudocientíficas de una mente aberrante y enferma.
En la Event no hay ni dios ni se le espera, dibujando un marco lo suficientemente macabro y grotesco como para que nadie quiera subirse y mucho menos estrablecerse de forma cuasipermanente allí. Pero se van a tener que joder, porque su pequeña y acogedora barca de remos espacial choca inesperadamente contra el casco de la mastodóntica Event, desgajándose parte del techo. Mientras reparan su diminuto buque, deben acomodarse en cualquier otro lugar cercano con gravedad y oxígeno; y allí sólo hay uno.
Así que ahí los tenemos: una panda de adultos responsables, hijos de una era lo suficientemente avanzada como para facultarles viajar hasta uno de esos planetas gordos y alejados de nuestro sistema, delirando, persiguiendo fantasmas, actuando de forma irracional e inventándose historias peregrinas, que si la nave está maldita, que si la nave tiene conciencia, que si la nave no nos quiere, que si la nave me ha mirado mal, que si se ha quedao con mi cara, bla, bla, bla, bla. La cantidad de necedades que se escuchan no encuentra contrapartida en lo hasta el momento sucedido. Al final a Sam Neill le da un tabardillo y se pone a hacer lo que la madre naturaleza, con la inestimable ayuda de la selección natural, dejó a medias.
Tres salen vivos de la quema: uno víctima de una brutal descompresión que vale más muerto que vivo; una rubia resultona pero muy torpe; y un superviviente nato, el único de los tres que realmente merece terminar relativamente intacto la misión, un prohombre, el Usain Bolt de los naufragios interestelares. Un tipo con las suficientes PELOTAS como para regresar a la nave tras ser expulsado al vacío del espacio forzosamente dos (2) veces; capaz de pensar con frialdad mientras viaja impulsado por una explosión alejándose de su único reducto de pervivencia en MILLONES DE KILÓMETROS. Y por si hay dudas, va y lo repite.
Algunos han querido ver en todo esto una potable película de terror espacial, pero yo sólo he oteado ciencia basura y suspicacias interesadas, siendo que sólo al final la cosa se sale de madre. Puede haber reacciones violentas y accesos incontrolados de coprolalia si alguien me compara este infraproducto con el grande aunque injustamente denostadoDead Space .
Poluciones atómicas
Tal día como hoy el 9 de Septiembre del 2009...
Archivado en En Cinemascope | 3 murciélagos...El pantano de los cuerpos (1973) es una comedia llamada ¿Y a mí qué me importa que explote Miami? con Blanca Estrada interpretando a una recién casada. Una explosión nuclear la contamina y el ejército americano se encauta de la chica. Si hace el amor puede estallar como una bomba, el novio está desesperado…[1]
Gracias, don Javier, por descubrirme cosas como ésta.
[1] Sainz, S., Historia del cine fantástico español. De Segundo Chomón a Bigas Luna., p. 63
El horror metafísico
Tal día como hoy el 4 de Septiembre del 2009...
Archivado en Cosas con tentáculos | 2 murciélagos...El término ‘zombie filosófico’ alude a un ser humano aparente, y que actúa como tal, pero que carece de estados mentales. Sería como un replicante pero totalmente orgánico e indistinguible de cualquier humano.
Es por ello que puede que vivamos un apocalipsis zombie y seamos incapaces de percibirlo.

Hace mucho que no comento por estos lugares alejados de toda cordura, decencia, pudor o virtud ninguna película; qué mejor que volver con algo de míster Paul W. S. Anderson.
Nos encontramos en un futuro cercano; un futuro donde los viajes interplanetarios se dan con relativa frecuencia pero a velocidades moderadas, lo que hace que el paseo tenga mucho de dolor testicular, criogenizaciones mediante. Sam Neill, que es un listo, acompaña a Laurence Fishburne y su tripulación hasta las inmediaciones de Saturno, Júpiter, Neptuno o algún lugar de por ahí, donde se encuentra la Event Horizon, un armatoste con pinta de caro. Haciendo uso de un manual de física adquirido en una tienda de artículos de broma, Neill explica a Fishburne y compañía que el coso aquél se desplaza instantáneamente por el espacio agarrando el Universo del envés y doblándolo por el centro para hacer coincidir origen y destino, o algo así. Pero su ojiplático auditorio no dispone de tiempo para digerir la patada en la entrepierna pues todos tienen algo de prisa por terminar el trabajo, que han hecho planes para dentro de dos meses y no es cuestión de retrasarse intentando comprender las inconcebibles y absurdas nociones pseudocientíficas de una mente aberrante y enferma.
Tres salen vivos de la quema: uno víctima de una brutal descompresión que vale más muerto que vivo; una rubia resultona pero muy torpe; y un superviviente nato, el único de los tres que realmente merece terminar relativamente intacto la misión, un prohombre, el Usain Bolt de los naufragios interestelares. Un tipo con las suficientes PELOTAS como para regresar a la nave tras ser expulsado al vacío del espacio forzosamente dos (2) veces; capaz de pensar con frialdad mientras viaja impulsado por una explosión alejándose de su único reducto de pervivencia en MILLONES DE KILÓMETROS. Y por si hay dudas, va y lo repite.











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