¡Bestias!

Un día como hoy el 26 de Junio del 2008... 
Archivado en Incesto medioambiental

Ahora que se ha aprobado un proyecto no de ley para adherirse acríticamente a los postulados del Proyecto Gran Simio, de los que quizás convendría saber cuáles son sus implicaciones sociales antes de aceptar tan de buen gusto sólo porque suenan bien, os voy a contar una historia de primates.
En época de Rousseau, el filósofo, no el personaje de Perdidos, no se sabía mucho de chimpancés, gorilas y orangutanes; Rousseau y muchos como él sólo tenían acceso a las descripciones de los viajeros que se encontraban con estos animales fortuitamente en el transcurso de su actividad (que solía ser el comercio, la guerra o la evangelización). Los descriptores no eran naturalistas y, por lo tanto, cabía dudar de sus escritos, que además no era raro que se contradijesen con los de otros viajantes.

Los juicios precipitados y que no son fruto de una razón lúcida se exponen a caer en lo excesivo. Nuestros viajeros tienen sin más por animales, con el nombre de pongos, mandriles y orangutanes, a los mismos seres que los antiguos, con el nombre de sátiros, faunos y silvanos, tenían por divinidades. Quizá después de investigaciones más exactas se descubra que son hombres.

Rousseau dudaba tanto de la exposición de los viajeros que no descartaba la posibilidad de encontrarse con que eran hombres en estado de naturaleza lo que aquellos brutos e inexpertos comerciantes y sus nulas dotes de observación habían confundido con animales.
En ese mismo texto en el que carga tintas contra los testigos da también las características que diferencian a un humano de un animal, y hace partícipe al lector de un experimento cuyo resultado aniquilaría toda duda sobre la condición de aquellos extraños seres; y aunque lo acaba desechando por impracticable, no deja de ser interesante.

Sin embargo, habría un procedimiento mediante el cual, si el orangután u otros fueran de la especie humana, los observadores más toscos podrían asegurarse de ello, incluso con demostración; pero además de que una sola generación no bastaría para esta experiencia, debe tenérsela por impracticable, porque antes de poder intentar sin riesgos el experimento que debería certificar el hecho, sería preciso demostrar la certeza de lo que no pasa de ser una suposición.[1]

Aunque un poco críptico, lo que Rousseau propone es cruzar orangutanes, chimpancés y gorilas con humanos y asegurarse de que el resultado, de haberlo, sea capaz de reproducirse. Y hasta me parece normal que, con la imagen que se habría formado de cómo eran aquellos animales, vea más impedimento en el tiempo que llevaría realizar la experiencia que en cualquier otra cosa. (Recordemos que, de llevarse a cabo, tendría que haber sido a pelo).

[1] Ambas citas de Rousseau, J., 1979, Escritos de combate, Alfaguara, Madrid, p. 246

1 comentario

  1. Después del Dia del Orgullo Friki, del orgullo gay, del orgullo pederasta… ¿para cuando el dia del orgullo simio?

    kachorro nos ilustró un tal 29 de Junio...     

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