Beyond the door
El otro día tuve la desgracia de perder mi tiempo viendo esta película, una producción italiana de mediados de los setenta hecha con el fin de aprovechar el tirón de
La película comienza como comienzan y acaban las buenas películas: con un desnudo gratuito. Pero gratuito de verdad. La ninfa que muestra sus poco generosas ubres no aparece más, ni el acto es algo que esté relacionado ni tangencialmente con la historia que se va a contar después. Ni siquiera se muestra chicha más tarde. Está ahí pues… ¿por qué no? Para estas cosas no se necesitan buenas razones.
La cosa ésta la vi en inglés y en un ambiente festivo poco dado a agudizaciones sensoriales de ninguna clase. Vamos, que no me enteré de una mierda. Y mucho menos al final, donde la desesperanza me angustiaba tanto que pensé en suicidarme clavándome la espada del
Sé que sale una rubia con hijos monísimos y rubísimos, el peque aficionado a la sopa de tomate
La sinopsis levantó expectación por aquí, y no voy a ocultar que se esperaba con ansia que el crío en lugar de dar pataditas lanzase algún hadooken o algo así. El hecho de ser un rip-off de El exorcista ya nos dejaba bien claro que la voces guturales, los vómitos verdes, las magulladuras faciales, los labios resecosos, las levitaciones y pajas de esas iban a hacer acto de presencia; pero también se esperaban algunas cosas típicas de la películas de explotación setenteras, italianas, de terror y bajo presupuesto. Y al final, ná. Ni siquiera el crío cuando nace tiene pegada.
En fin, menuda mierda. Joder, si hasta hubiese preferido ver una de

Ejemplos representativos
Con el quítame-allá-esos-hectolitros de la última bronca PP-PSOE sobre trasvases que no son trasvases, campos de golf y naranjas de la china (de una china que tiene una frutería en Valencia, quiero decir), se repite sin cesar una expresión que pretende ser representativa del consumo de agua urbano: “agua para boca” o “agua para beber”; ya ves, como si de los ciento y muchos litros de agua por persona y día que se consumen, la mayor parte se fuesen en hidratar el gaznate. Hasta el agua utilizada para arrastrar los orines vespertinos por el retrete es más voluminosa que el “agua para boca”. En fin, supongo que ‘agua para la cisterna’ suena peor.
De todos modos, si la expresión no es la más acertada, tampoco parece que sirva para justificar el trasvase o transporte o como cojones lo quieran llamar de agua del Segre a Cataluña. Si la prioridad, como quieren hacernos creer, es el “agua de boca”, lo normal sería que las restricciones en épocas de sequía afectasen principalmente al sector industrial y agrícola. El trasvase-que-no-es-un-trasvase, sin embargo, sirve para salvar a estos sectores de mayores penurias, como explicó Josu Mezo hace un par de semanas en su blog de ADN:
[...] parece difícil imaginar que entre medidas de ahorro, o de suspensión temporal de los regadíos en algunas zonas, no sea posible “encontrar” los 45 hectómetros que, como máximo, se dice que se trasvasarían desde el Segre. Pero claro, con el agua, como con el dinero, es más cómodo, expeditivo y políticamente rentable conseguir una ayuda exterior que ahorrar o mejorar la gestión.
Ya se sabe: de aquéllos polvos vinieron estos hijos de puta.
Escenas: The Office
El pene y la pena
Me encantan los discursos por la igualdad. O la Igualdad. O la IGUALDAD. Como sea. Y, ¿a quién no le gustarían? Bueno, sí, vale, a veces resultan empalagosos de lo buenrollistas que suenan. Y mira que es difícil decir que, si no vamos a mantener relaciones sexuales, me da igual que seas hombre o mujer, sin llegar a ser basto. (‘O follamos todos o la puta al río’ es una forma poco sutil de aludir a las políticas de igualdad, por ejemplo).
Aunque suene raro, a la gente, para según qué cosas, no le importa cuán bajo cuelguen tus genitales. A la gente buena, me refiero. A la gente excepcionalmente buena, por el contrario, el sexo de los individuos le interesa mucho. Aunque no lo llaman ’sexo’ sino ‘género’, que es como igual pero diferente. O igual en su diversidad. O diverso en su igualdad. O algo así. Y no les importa para reducir a los individuos a estereotipos arcaicos, como a los machistas y las machistas (iba a poner un ‘l@s’ desos, pero eso tiene que ser malo de leer; seguro que se te traba la lengua), sino para hacerlo a estereotipos modernos. Porque la modernidad es positiva y comunitarista, en lugar de negativa y disgregadora, que es exactamente lo contrario de lo primero que he dicho y parece redundar en la idea de forma innecesaria; pero queda bonito. Porque lo innecesario queda bonito. O eso quiero pensar que piensan que creen que saben que les parece que sienten los individuos e individuas que pueblan o viven o anidan o abonan este verdeazulado planeta, en justa reciprocidad con mi visión golosa del mundo.
Por suerte, el Universo es un lugar bondadoso, aunque complejo. No hay una enorme cabeza voladora que te indique qué hacer, como en el











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