Jumper

Un día, como quien no quiere la cosa, el joven Jayden comienza a notar la voluptuosidad emergente de sus compañeras de clase y pergeña malévolos planes con quién sabe qué intenciones. Uno de éstos incluye regalarle a una muchacha con potencial de futuro una mierda de bola de nieve de estas del todo a cien; una baratija con valor sentimental que puede, una vez pasada la ascética pubertad, terminar decantando la balanza a su favor. Jugada inteligente que contrasta con la posterior cagada de ir a buscar sobre el hielo quebrazido el adminículo antes mencionado que ha sido arrojado hasta allí por un canis brutus o matón de secundaria. El hielo se rompe, Annie cae al agua y hace pensar a todos que ha palmao, aunque en realidad se ha teletransportado a una biblioteca de por ahí pá tomar por culo. Excitado por el acontecimiento, se va de su conflictivo hogar con unos ahorrillos estratégicamente escondidos en un hueco de la pared de su habitación junto a algún Playboy. Se establece en Nueva York y roba un banco, previendo con genialidad inusitada la crisis económica actual; ahora te sale más a cuenta atracar al quiosquero de la esquina que al BBVA.
En esto que Skywalker, ya crecido, pasa su día a día transportándose de aquí para allá sin mucho orden ni concierto. Sus ajetreadas jornadas suelen incluir polvos vespertinos en Londres con atractivas rubias que pululan por los pubs de aquel lugar y desayunos en alguna playa lejana de las Barbados, que ya se sabe como son las comidas en Inglaterra y no es caso de quedarse más de los estrictamente necesario.
La feliz agenda del Chrystiansen molesta al no menos feliz de Samuel L. Jackson, quien le hace una visita para parlamentar tranquilamente con el muchacho y exponerle sus puntos de vista. El debate se les va de madre y Vader logra escapar antes de que la negra ira de Mace Windu caiga sobre sus apretadas nalgas, dejando la incógnita de qué vendría antes: sodomía o asesinato. A Chrystie el que Sam estuviese a punto de romperle la cara y enterrar su cadáver en Central Park se la pela claramente, y decide visitar su antiguo pueblo. Allí se reencuentra con aquella compañera de instituto, cuya mocedad la ha tratado bastante bien, ochos años tras el incidente del lago.

- ¡Anda, cuánto tiempo! Pensé que habías muerto, ¿sabes?
- Ah, ya, eso… al final resultaron ser gases.

Anakin le propone irse a dar un paseo por Roma, para rememorar historias de la infancia. La muchacha acepta, ya que no echan nada por la tele y eso…
En el trayecto ‘Pueblo paleto estadounidense - Roma’, se ponen tan al día que nada más llegar al hotel deciden yacer sexualmente juntos, momento estelar que aprovecha Vader para enseñar pechera y la otra para mostrar cuán bien le hace el Wonderbra a su busto.
Después se van a ver el Coliseo por dentro pero resulta que han chapao. Ante las insistencias de Annie, el segurata les dice que nones en italiano, lo que les obliga a agudizar su ingenio y picaresca e introducirse sutilmente por uno de los accesos al edificio aprovechando que en ese momento las cientos de personas congregadas por los alrededores estaban casualmente mirando hacia otro lado. Ya en el interior, Anakin “yo soy tu padre” Skywalker se encuentra con otro jumper y un par de “paladines”, estos últimos con la intención de encurtir la nívea piel del jedi y hacerse un forro para una chaqueta. Afortunadamente el otro jumper les deja con el culo torcido y Chrystie salva el ídem, transportándose a traición como un hijoputa a la guarida secreta de su salvador, quien tenía la intención de aprovechar para ver una peli porno “y lo que surja”. La que acompañaba a Annie no se entera de un pijo, a todo esto.
Al volver al Coliseo, unos carabinieri arrestan al Vader ante la atónita mirada de la tonta despitada que lo acompaña, pero de nuevo con fortuna y la milagrosa intercesión de su madre, Diane Lane, a la que no ve desde que tenía cinco años, logra escaparse y llevarse a la novieta hasta el aeropuerto para que vuelva a la tierra de la libertad y toda esa mierda.
El Chrystian se interesa entonces por su madre y va a ver a su homólogo masculino, a ver si le cuenta alguna historia sobre su fracasada vida conyugal que no profundice con detalles sexuales. Pero Shaft, que no pudo acabar de romperle el culo a él, se cebó con su padre. Hecho que, como es evidente, le tocó los midiclorianos cosa fina.
Un tanto enojado, le teletransporta a un hospital; su absoluta confianza en el sistema sanitario de EEUU es tal que no se interesa en saber nada de su progenitor en lo que resta de película.
Después de lagrimear un poco, se va a la guarida secreta del otro jumper, intercambia monosílabos con él, le sigue a hacer el chorras a Tokyo o Tokyo-3 o Neo-Tokyo o algo, que parece que no pero son diez minutos menos para rellenar con insulso guión que se ahorra el director, y llegan juntos al acuerdo de colaborar un poquititinín para cargarse a Jules; menudos ingenuos…
Lo de que colaboran es quizás un abuso del lenguaje, dado que no tardan en rozarse la cara a lo largo de unos cuantos países. Chrystiansen gana, por supuesto, pero no daña a su compañero de parrandas, que para algo es el bueno de la película.
Sin más injerencias, Anakin vuelve, salva el oro, el cofre, el mono de jade, a la chica y al malo. Bueno, al malo no; al malo le perdona la vida, mostrando que su compasión no conoce límites.
Una cantidad de tiempo indeterminado después localiza a su madre, que resulta ser un paladín desos también. Le confiesa que se fue de casa porque a la tierna edad de cinco años (en serio, los de cinco años son muy tiernos), el Chrystie había mostrado sus poderes, poniéndola en una encrucijada. O le mataba, simulando un accidente o la perversa intervención de un hispano con cara de asesino pedófilo, o le dejaba con un padre abocado a la bebida y rehacía su vida en una casa más grande con chimenea y todo el chili que pudiese comer por 9.99 dólares.
Entre sonrisas cínicas se despiden, con la explícita advertencia de que piensan curtirse mútuamente y castigarnos así con una secuela. Y fin; lo dicho, una mierda.

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