Banderas de nuestros padres

Durante el resto del año, Rant solía hurtar gotas de aquellos colores. Desde el verano a Navidad, se dedicó a sacar los calzoncillos sucios de su padre del montón de ropa por lavar y a dejar manchitas amarillas con un cuentagotas en la entrepierna de cada uno de ellos.
Cada vez que se sentaba para mear, cuando acababa, el señor Casey se sacudía la polla, intentando que cayeran las últimas gotitas rebeldes. Se frotaba con un trozo de papel higiénico. Pero cada semana aparecían más manchas amarillas en sus calzoncillos. Su padre casi se murió del susto cuando Rant pasó a usar gotas del tinte de color rojo.[1]

[1] Palahniuk, C., 2007, Rant. La vida de un asesino., Mondadori, Barcelona, p. 57

Thriller: A cruel picture

Dicen de esta joya sueca que fue inspiración para Kill Bill o que la saga Matrix le debe también. A decir verdad esto me la pela, pero la película está muy bien de todos modos.
Se trata de una típica de venganzas, ese gran subgénero del cine de explotación de los 70. La protagonista, una tal Madeleine, es una inocente muchacha de pueblo muda tras ser violada, en su infancia, por un viejo indigente. Un proxeneta la rapta y la hace adicta a la heroína, obligándola a prostituirse bajo la promesa de recibir las drogas necesarias para mantener el mono a raya. Una agresión a su primer cliente le cuesta la pérdida de su ojo izquierdo y la preocupación, de por vida, de si el parche combinará con los zapatos. Además, las cartas que el proxeneta envía a sus padres, haciéndose pasar por ella, para evitar que denuncien su desaparación a la policía, terminan causando un suicidio a dúo de la pareja de ancianos. Vaya, que no me extrañaría nada que en su vejez resultase ser una persona uraña y desconfiada.
Harta ya de tanta jodienda, Madeleine se porta con el resto de sus clientes y ahorra de lo que le dispensa el putero de vez en cuando. En su día libre, la chica se va a tomar clases de conducción, lucha y tiro con la muy decidida intención de partirle el culo al mundo en general.
Una vez reunidos el dinero suficiente para proveerse de heroína y la experiencia necesaria para partir testículos como un cascanueces, la zagala comienza a matar a sus clientes a ralentí, poquito a poco para que el miedo se vaya apoderando del resto de forma escalonada; de este modo, cuando llega al final boss, el proxeneta que la drogó, raptó, extorsionó, prostituyó y mutiló, el tipo está que se le caen las bragas. Antes de torturarle y matarle inmisericordemente a él, se ha cargado a todos sus clientes (al menos a aquellos que participaban en las agradecidas escenas de desnudos y los insospechados momentos de sexo explítico que contenie la película), un par de matones contratados para emboscarla y asesinarla y unos pitufos que pasaban por allí y que recibieron una clase magistral de artes marciales por la cara… bueno, y también por los dientes y algún que otro ematoma interno. Nadie le toca los ovarios a una chica callada pero decidida como Maddie y pretende salvaguardar su integridad anal al mismo tiempo. Y eso es todo. El malo muere, la chica gana y el mundo sigue siendo una mierda.
En fin, drogas, sexo y violencia; yo es que es lo único que le pido a una serie B decentilla.