Aunque con algo de retraso…

Pérez-Reverte se hace eco de las pretensiones neologistas de su Excma. Doña Aído, ministra, miembra y oradora erudita, quien parece todavía un poco confusa sobre la función de los genitales. Esperemos se informe pronto.

La lengua española, que en este país miserable ha resultado ser arma política útil en otros ámbitos, les viene chachi. Por eso están embarcadas en una carrera de despropósitos, empeñándose, cuatro iletradas como son, en que cuatrocientos millones de hispanohablantes modifiquen, a su gusto, un idioma donde cada palabra es fruto de una afinada depuración práctica que suele ser de siglos, para adaptarlo por la cara a sus necesidades coyunturales. A su negocio.

Urkullu acertó

Ganó el mejor.

Urkullu, menudo ojo...

Cuando el destino nos alcance

Soylent GreenCharlton Heston es Robert Thorn, un policía corrupto y pluriempleado en un mundo azotado por la superpoblación y la escasez de recursos debida al cambio climático y otras injerencias de carácter antropogénico (¿os suena la película?). Frutas, verduras, carnes, agua corriente y electricidad son lujos que sólo los más ricos pueden permitirse. Los pobres viven hacinados en pequeños apartamentos o en pasillos y escaleras, sin trabajo alguno o trabajando dura y penosamente, en un infierno de monotonía sensorial significativamente ejemplificada por el insípido soylent, el alimento de la muchedumbre. (Existen tres clases de soylent, de las cuales el verde (green) es el más apreciado a la par que el más escaso).
Heston se encarga de un caso de asesinato. Los asesinatos son muy comunes y la mayoría quedan sin resolver, por lo que no hay razón para dedicarle más tiempo del necesario. Sin embargo, su instinto y una chica mona le instan a continuar pese a las presiones de su jefe por cerrar definitivamente el asunto en falso.
De la casa del finado, un tipo rico e importante, Heston se lleva alimentos y lujos como una pastilla de jabón, que sirven como pretexto para mostrar una emotiva escena en la que, junto con su viejo amigo Sol, degusta por vez primera y última un sabroso estofado. Sol es un viejales que se encarga de las investigaciones de despacho, y en este caso concreto le toca analizar un estudio de oceanografía que el fiambre guardaba en su casa y que el bueno de Heston tuvo a bien robar. Y a partir de aquí, los spoilers.
Poco a poco ambos descubren que la cosa es más grave de lo que en principio parecía. El asesinato fue encargado por tipos importantes que, incapaces de apartar a Heston del caso, intentan acabar con su vida, por lo general sin fortuna. Éste, en el transcurso de su investigación, aprovecha para visitar en varias ocasiones la casa del desaparecido ricachón y lisonjearse con los bienes que había acumulado, incluída una linda muchacha a la que se zumba por lo menos un par de veces y que forma parte del mobiliario (se vende junto con la casa, ahí es nada).
Sol, por su parte, se reúne con un consejo de ancianos (un grupo de viejos en una biblioteca), donde expone el libro aquél de oceanografía, llegando a conclusiones inquietantes. Tan inquietantes que el viejales se quita de enmedio acudiendo a un centro de eutanasia (la muerte voluntaria es algo que se valora mucho), no sin antes indicarle a Heston el siguiente paso en su investigación, que le llevará a descubrir que los océanos se están secando y las algas, producto principal a partir del cual se fabrica el soylent green, pudriendo, siendo sustituídas por “personas humanas” (no confundir con ‘personas primates’) ya fenecidas. Heston muere pero le cuenta el secreto al jefe de policía, quien promete darle publicidad, aunque sin mucho ánimo, todo sea dicho. Y fin.
Está entretenidilla, aunque tampoco es nada del otro mundo. De todos modos es conveniente echarle un vistazo, sino a la película sí al menos a la novela, para entender algunas referencias de la cultura popular contemporánea. (En Futurama o South Park, por ejemplo).

Soylent Green Is People!

Igualdad de oportunidades

Rubias, Era importante. Por alguna razón es la clase de dato que la policía suele pasar por alto, pero que siempre llama la atención a alguien como yo. Quizá no pareciera políticamente correcto: las niñas de pelo y piel morena deberían tener las mismas oportunidades de ser secuestradas, violadas y después destrozadas frente a una cámara, ¿no creen?[1]

[1] Lindsay, J., 2005, El oscuro pasajero, Urano, Barcelona, p. 141

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