¡Bestias!
Ahora que se ha aprobado un proyecto no de ley para adherirse acríticamente a los postulados del Proyecto Gran Simio, de los que quizás convendría saber cuáles son sus implicaciones sociales antes de aceptar tan de buen gusto sólo porque suenan bien, os voy a contar una historia de primates.
En época de
Los juicios precipitados y que no son fruto de una razón lúcida se exponen a caer en lo excesivo. Nuestros viajeros tienen sin más por animales, con el nombre de pongos, mandriles y orangutanes, a los mismos seres que los antiguos, con el nombre de sátiros, faunos y silvanos, tenían por divinidades. Quizá después de investigaciones más exactas se descubra que son hombres.
Rousseau dudaba tanto de la exposición de los viajeros que no descartaba la posibilidad de encontrarse con que eran hombres en estado de naturaleza lo que aquellos brutos e inexpertos comerciantes y sus nulas dotes de observación habían confundido con animales.
En ese mismo texto en el que carga tintas contra los testigos da también las características que diferencian a un humano de un animal, y hace partícipe al lector de un experimento cuyo resultado aniquilaría toda duda sobre la condición de aquellos extraños seres; y aunque lo acaba desechando por impracticable, no deja de ser interesante.
Sin embargo, habría un procedimiento mediante el cual, si el orangután u otros fueran de la especie humana, los observadores más toscos podrían asegurarse de ello, incluso con demostración; pero además de que una sola generación no bastaría para esta experiencia, debe tenérsela por impracticable, porque antes de poder intentar sin riesgos el experimento que debería certificar el hecho, sería preciso demostrar la certeza de lo que no pasa de ser una suposición.[1]
Aunque un poco críptico, lo que Rousseau propone es cruzar orangutanes, chimpancés y gorilas con humanos y asegurarse de que el resultado, de haberlo, sea capaz de reproducirse. Y hasta me parece normal que, con la imagen que se habría formado de cómo eran aquellos animales, vea más impedimento en el tiempo que llevaría realizar la experiencia que en cualquier otra cosa. (Recordemos que, de llevarse a cabo, tendría que haber sido a pelo).
[1] Ambas citas de Rousseau, J., 1979, Escritos de combate, Alfaguara, Madrid, p. 246
¡Yo no soy tonto!…
Uf, dos entradas en un día, y tan seguidas… no me reconozco.
Por si alguien no se ha enterado todavía, los petardos y bocinas y la muchedumbre que corría asalvajada por las calles esta medianoche se debe a que la gloriosa selección de ¡EJPAÑA! ha ganado los cuartos de final de la Eurocopa ante Italia, a penaltis y con la providencia mediante.
En la bitácora de Escolar, que para variar ha hablado de fútbol y no del PP, hay un comentario que nos recuerda una publicidad de principios del campeonato:
JOJOJOJO ¡A tomar por culo Media Markt!
Para quien no lo haya visto, en el anuncio de Media Markt se hacía una de esas típicas apuestillas deportivas: si comprabas una tele y España pasaba de cuartos, te devolvían una cuarta parte de su coste.
Lo que no te decían, y que aparecía en letra minúscula y velocidades supersónicas por la pantalla, era que el aparatito en cuestión había que pagarlo a tocateja y que el dinero te lo devolvían en forma de tarjeta descuento para utilizar en sus tiendas. Tampoco te decían que lo que te devolviesen probablemente ya te lo habrían cobrado de más en el televisor. En fin, mucha información desaparecida; y de Media Markt, más vale desconfiar: Yo no soy tonto, pero Media Markt piensa que sí.

¡Ouch!
¿Pero cómo he podido gastarme ochenta euros en cinco míseros libros? Y dos eran de bolsillo…
Perdonad mi estupor, pero es que yo soy de biblioteca y de prestado; no tengo costumbre de soltar los dineros al primer librero con buen culo que me lo pide.
¡Zi ez una fieghzta!
Si haces reír a una chica, si ve que no te avergüenzas, te la has ganado.
Antológico
Lo que me he podido reír con este anuncio…











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