La teoría de la evolución de Empédocles

Empédocles sostenía una curiosa teoría sobre la evolución orgánica que ilustra cómo los pitagóricos tendían a pensar en términos de unidades, por más que dichas unidades no tuviesen necesariamente significado numérico. Suponía que en un principio había diversas partes unidad de animales y hombres, ojos, piernas, brazos, cabezas, etc., errando cada uno por su lado. Merced a la atracción o Amor, formáronse combinaciones aleatorias de las partes unidad, produciendo todo tipo de criaturas monstruosas no menos que las formas actuales. Algunas de ellas poseían muchas piernas, otras tenían el cuerpo de un buey y la cabeza de un hombre, si bien éstas no resultaban viables, quedando tan sólo las criaturas con los atributos necesarios para la supervivencia.
«Muchas especies de criaturas vivas tienen que haber sido incapaces de propagar su linaje, ya que en cada una de las especies hoy día existentes o la industria o el valor o la velocidad ha protegido desde el principio su existencia, conservándola.»[1]

Siempre estoy citando y nunca escribo nada original pero es que, las más de las veces, no tengo nada que decir y, cuando lo tengo, es porque se lo he leído a alguien. Lo mejor de ser un parásito es que los parásitos no tienen conciencia, así que no hay nada para reconcomer en mi pulcra, inane y probablemente inexistente anatomía moral. (No lo digo yo, está cinetíficamente demostrado).

[1] Mason, S. M., Historia de las ciencias: 1. La ciencia antigua, la ciencia en Oriente y en la Europa medieval, 1984, Alianza, Madrid, p. 35

El abuelo se droga

«¿Cómo iba a reaccionar cuando le contara que nuestro abuelo Baldomero había viajado hacía más de 25 años en una nave tripulada por seres extraterrestres y que desde entonces había mantenido contactos esporádicos a nivel telepático con ellos?»[1]

[1] Grupo Aztlán, Los manuscritos de Geenom (I): Terrestres: Esta es la historia, 1993, Proyecto Aridane, Madrid, p.45

Dícese de lo paranormal

«El científico participa en reuniones y discusiones. Se encuentra en coloquios universitarios en los que apenas el ponente lleva treinta segundos hablando cuando la audiencia le plantea preguntas y comentarios devastadores. Analiza las condiciones para entregar un artículo a una revista científica para su posible publicación, lo envía al editor y luego éste lo somete a árbitros anónimos cuya tarea es preguntarse: ¿Lo que ha hecho este autor es una estupidez? ¿Hay algo aquí lo bastante interesante para ser publicado? ¿Cuáles son las deficiencias de este estudio? Los resultados principales, ¿han sido encontrados por alguien más? ¿El argumento es adecuado, o el autor debería someter el informe de nuevo después de demostrar realmente lo que aquí es sólo una especulación? Y es anónimo: el autor no sabe quiénes son los críticos. Ésta es la práctica diaria de la comunidad científica.
¿Por qué soportamos todo eso? ¿Nos gusta que nos critiquen? No, a ningún científico le gusta. Todo científico siente un afecto de propietario por sus ideas y descubrimientos. Con todo, no replicamos a los críticos: espera un momento, de verdad que es buena idea, me gusta mucho, no te hace ningún daño, por favor, déjala en paz. En lugar de eso, la norma dura pero justa es que si las ideas no funcionan, debemos descartarlas.»[1]

Sé que soy un pesado con esto, pero para contextualizar convenientemente esta cita recomiendo el siguiente programa de radio de Santiago Vázquez, segunda parte de una monografía sobre fantasmas en la que se hace un recorrido acrítico por el anecdotario típico de la parapsicología, aceptándolo sin más y obteniendo conclusiones que ni siquiera dando por cierto hasta el último detalle de dichos testimonios sería aceptable.

Apariciones: ¿existe el más allá? (2ª parte) agosto 2001 (Santiago Vázquez; RM)

Y al hilo, en la primera parte de ese monográfico (aquí; RM) se comenta con estupefacción el “fantasma” de Tres solteros y un biberón, acompañando con el falso relato del niño y la escopeta y maravillándose de lo “paranormal” de semejante escena. Bruno Cardeñosa tiene mucho que aprender.

El “fantasma” de ‘Tres solteros y un biberón’, por Bruno Cardeñosa (You Tube)

[1] Sagan, C., El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, 1997, Planeta, Barcelona, pp. 50-51

Watchmen

Cartel de WatchmenDesde la primera vez que vi el trailer he esperado esta película con ansia. Cada nueva imagen o video me ratificaba su grandeza inicial. Quizás por eso salí algo decepcionado del cine, por esperar una genialidad en cada escena.
Y sin embargo la película está bien; muy bien, de hecho. Las escenas de acción son fenomenales, no se cortan un pelo en mostrar la mayor crudeza o la violencia más atroz y es algo por lo que congratularse el hecho de no haber sido rebajada para contentar a los productores, como suele hacerse últimamente. También me sorprendió gratamente ver el tebeo porno de la primera Espectro de seda, aunque sólo fuese durante un breve momento; las películas para adultos pueden ser violentas y sexualmente explícitas o con alto contenido erótico y, más aún, censurar para eludir clasificaciones por edades más adecuadas de cara a la recaudación puede acabar con ellas convierténdolas en una parodia de lo que deberían haber sido. (Veáse, si no, la última de Batman; los dilemas morales y las cruentas acciones del Joker y el “oscuro” caballero son mariconadas en comparación).
Algunas escenas, como la conversación de Dr. Manhattan y Laurie en Marte, son demasiado cortas. Creo recordar que en el cómic a esta parte le dedican todo un número, de modo que los pocos minutos que tiene en la película son claramente insuficentes. Es posible que estas deficiencias sean subsanadas en una versión del director con más metraje.
Quizás lo que más ha desilusionado, al menos a mí, es la música, que no pega ni con cola en muchos momentos del film. Después del primer trailer uno esperaría una banda sonora excelente y no las típicas composiciones ni los ritmos metaleros del cine de acción más contemporáneo. Pero parece que, o al menos esa ha sido mi impresión, se han cogido piezas conocidas de los setenta y ochenta y se las ha metido a presión, sin conciencia ni remordimiento ningunos. Se salvan los títulos de crédito y poco más.
Como he dicho al principio, a mí me pareció una gran película, aunque decepcionante en el aspecto musical y poco más. No tengo al cómic por las nubes; me gustó, pero no creo que sea la obra maestra excepcional e inconmensurable que dicen algunos que es ni la divinidad hecha cómic ni que encierre las más profundas y excelsas reflexiones filosóficas. Por supuesto, cuando se hace atenta y entregada interpretación de hasta el más mínimo detalle de casi cualquier obra, por todos lados sale filosofía. No veo en ello nada extraño. (Véase La Biblia).
Por otro lado, y dejando de lado Watchmen, antes de que comenzase la película nos pusieron tres avances que me gustaría comentar. El primero de ellos, el de la nueva película de Transformers. Creo que no lo he comentado por aquí pero, aunque lo haya hecho, no está de más repetirlo: Transformers me parece una película vergonzosa; lo único que se salva es Megan Fox y porque está muy buena. El avance es más de lo mismo: bichos mecánicos generados por ordenador dándose de hostias en una bonita y estudiada coreografía. Ni se molestaron en meter un sólo diálogo o indicativo del argumento de la película.
También pasaron Ángeles y demonios, la adapación de la novelucha de Dan Brown, el de El código Da Vinci, de mismo nombre. Lo comento porque me pareció curioso que Ewan McGregor se prostituya hasta tales extremos; lo tenía por alguien más íntegro.
Por último, el trailer de Star Trek. No he visto ni las películas anteriores ni la serie de televisión, y soy totalmente ajeno a todo el submundo de histéricos fanánaticos obesos generado a su alrededor, pero casi hasta me la puso dura. Veremos qué terminan pariendo.

Beso apocalíptico

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