Soy uno y múltiple a la vez

En Gran Bretaña, la confusión acerca de qué debe hacer una sociedad multiétnica ha alentado la creación de escuelas musulmanas, escuelas hindúes, escuelas sijs, etc. financiadas por el Estado para complementar las escuelas cristianas existentes que reciben respaldo del gobierno, y a los niños se los ubica de modo decisivo en el reino de las filiaciones singulares mucho antes de que tengan la capacidad de razonar acerca de los diferentes sistemas de identificación que podrían competir por su atención. Anteriormente, las escuelas públicas confesionales de Irlanda del Norte habían alimentado el distanciamiento político de los católicos y los protestantes a lo largo de una línea de categorización divisoria trazada en la infancia, y la misma predeterminación de la identidad “descubierta” es ahora propiciada y, de hecho, fomentada para sembrar aún más la alienación respecto de otros sectores de la población británica.[1]

[1] Sen, A., Identidad y violencia: la ilusión del destino, 2006, Katz, Capellades, p. 37

De cabrones está el mundo lleno

Hoy he vuelto a devolver un libro a la biblioteca lleno de absurdas anotaciones y falsas exégexis a lápiz en los bordes y el pie. He inventado obras y autores, ciudades y editoriales, signaturas y palabras; algunas anotaciones están en alemán y cito autoridades inexistentes en su idioma original. He dedicado más tiempo a decorar con mis vaciedades fingidamente eruditas el libro que a leerlo. Ignatius Reilly me guía.

Tyler dice: información es poder

—¿Y bien?, ¿qué dice?
Tyler mira directamente a Leslie y, sin molestarse siquiera en recoger la nota, dice:
—«He vertido cierta cantidad de orina en al menos una de sus muchas y elegantes fragancias.»
[...]
—Así que no llegaste a hacerlo, ¿eh?
—No —dice Tyler—, pero eso ella no lo sabe.[1]

[1] Palahniuk, C., Club de lucha, 1996, El Aleph, Capellades, pp. 93-94