Atavismos en 128 bits
Un día como hoy el 2 de Febrero del 2009...
Archivado en Juegos míticos, Marranos en guerra
Los videojuegos están hechos por y para los hombres. Orientados claramente hacia la visión y las fantasías de los hombres, entendido como un ser instintivo y carente de toda racionalidad dialógica y de sentimientos. Estereotipa la propia figura e imagen del hombre. Y le convierte en un sujeto primitivo al servicio de la acción impulsiva, irreflexiva y cruel.[1]
La lectura enfermiza que durante estos dos días he realizado del estudio reseñado más arriba y en la entrada anterior están abriendo ante mí un nuevo universo de posibilidades. Cierto es que las interpretaciones me parecen forzadas cuando no directamente paranoicas y que la eterna duplicidad del genéro entorpece la lectura, rasgos en principio negativos pero que se transforman mágicamente en la quintaesencia del entretenimiento al considerar el texto en su conjunto como un gigantesco chiste de cuatrocientas páginas, una monumental obra fruto de la esquizofrenia de un falso feminismo que no busca la igualdad sino la alienación de ambos sexos dentro de una sociedad ficticia donde el lenguaje modela la realidad[2] y los individuos constituyen una masa acrítica incapaz de diferenciar la violencia real de la simulada[3][4].
[1] Díez Gutiérrez, E. J. (dir.) et al, 2004, La diferencia sexual en el análisis de los videojuegos, 2004, CIDE/Instituto de la mujer, Madrid, p. 247
[2] A pesar de que la tesis de
[3] La resolución violenta de los conflictos es un rasgo típico de la “cultura macho”; en general, todo lo que en nuestra sociedad consideramos negativo es un rasgo de dicha cultura (Capitalismo incluido). En las conclusiones se promete ahondar en este concepto, aunque todavía no he llegado tan lejos en mi lectura. De todos modos, tiene toda la pinta de ser un “blanco móvil”, i.e., los hombres (y mujeres) que se ajusten son los genuinos representantes de la “cultura macho” y quienes no los de una cultura más benevolente, racional y dialogante de un nuevo feminismo emergente o, dicho de otro modo, las mujeres ajustadas al primero son masculinas y los hombres ajustados al segundo femeninos; aunque esto último es sólo una conjetura.
[4] Ésto es lo que me molesta de verdad del libro, ejemplarizado en el extracto citado; la continua y eterna consideración de que la violencia de ficción engendra violencia real. ¿Qué base tiene esa creencia?
Llevo muchos años consumiendo y relacionándome con gente que consume violencia de ficción a raudales, en sus formas más extremas y en formatos de lo más diverso: cine, anime, juegos, cómics y literatura. No creo que a ninguno se nos pudiese acusar de ser especialmente agresivos o de afrontar los conflictos de modo irreflexivo y poco dialogante; que yo sepa, los fans del gore no acostumbran a hacer rodar más cabezas que las de papel maché, a diferencia de los beatos de religiones varias, las élites de moral tan elevada como pervertida, los iluminados ideologizados y aquellos que anteponen la identidad colectiva a la individual.

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A ver si pasa la moda esta, qué suplicio. Para partirse el banner.