Pedro Amorós no decepciona

«Mira, yo soy de los que piensa que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma [...] Y esto, en realidad, tiene mucho que ver con el sentido de la parapsicología en cuanto a un lugar infestado, o no, por una razón sencilla: porque, si realmente los seres humanos conviven en un ambiente, un lugar misterioso donde realmente están pasando una serie de penurias, una serie de emociones fuertes, traumáticas incluso, y de repente la persona fallece, ¿en qué se transforma la energía?»

Pedro Amorós, erudito parapsicólogo.

La perla bruta, basta, hiriente, que podéis leer ahí arriba es obra del parapsicólogo, por llamarlo de alguna manera, Pedro Amorós, quien la verbalizó frente a un hierático Bruno Cardeñosa el pasado trece de diciembre en el programa de televisión Lo que sé del miedo. ¿Que no me creéis? No os preocupéis, que lo tengo en vídeo. (Créditos para zombietoads, que grabó y subió el programa completo al cual pertenece este corte).

Satán, yo te invoco

“Me llamo Psicopanadero y soy un adicto”. He vuelto a caer. Soy débil. Pero qué programa, amiguitos del misterio. Qué voces, qué cadencia, qué verbo, qué erudición. Seré fácil de encandilar, pero es que ellos son unos zalameros del sobrenatural zetoso, de la parapsicología bizarra y del ocultismo pop. (Esto último lo he copiado de por ahí, ¿qué tal queda?). Sí, ya lo habréis adivinado; o no, que será lo más seguro. Estoy hablando de los Vázquez Bros., prueba patente y arrogante de que Dios existe y es un cachondo.
En ésta su última, no nueva, cuidado, pero sí última, aventura radiofónica han hablado sobre su hinbestigación en un hospital abandonado y medio ruinoso, probablemente de noche y con linternas a lo Expediente X; porque la valentía y heroicidad, así como el poco seso, de los estudiosos del misterio no conoce límites. Y no sólo han grabado, con los confiabilísimos métodos de control para evitar fraudes o errores que todos conocemos y que no voy aquí a repetir, prístinas voces psicofónicas que se comportan, cómo no, según lo predicho por la casuística; ay, amiguitos, la casuística, qué sería de nosotros sin la casuística. Han hallado también… ¡claras pruebas de la actuación de pérfidos grupos satánicos!
Ah, las sectas satánicas. Joven milenario, puede que si lees ésto o escuchas la maravillosa y profesionalérrima tesis, porque cada programa de los Vázquez Bros. es pura tesis, no captes todas las sutilezas de la amenaza sectárea satánica. Hoy día, los satánicos son más o menos como los testigos de Jehová, los judíos, los islámicos… como los católicos no, que ya se sabe que en éste nuestro gran país aconfesional ellos todavía tienen bula, pero, en fin, no sé si me explico: como todas estas agrupaciones de gente con creencias absurdas e irracionales. Sus ideas están protegidas por la ley y el derecho fundamental de cada persona en creer la majadería y aberración que le venga en gana. Pero antes, oh, antes no era así. Los satánicos, como los masones y otros infraseres por el estilo, eran perseguidos, generalmente desde los medios ocultistas, como bien puedes comprobar en la grabación que a continuación se presenta y, dentro de la misma, en un audio de Antonio José Alés, que yo no sé quién era pero que a los misteriólogos se la pone dura. Los satánicos atentaban contra lo más fundamental en un español de bien, que era su catolicismo y la reafirmación colectiva en que su dios era el de verdad y no un monigote de ojos saltones y mirada perdida, el becerro de oro del siglo veinte, que es lo que adoran los demás. Los satánicos eran aterradores: consumían malvadas drogas, practicaban maléficos rituales, participaban en infames orgías multitudinarias y devoraban perversos bebés. Y si la policía no los detenía por tanta vileza no era sino por sus excelsos conocimientos criminales.
Con la explícita voluntad expresada de “no quiero ser sensacionalista”, don Santiago Vázquez nos guía por el grotesco mundo satánico con su habitual tono didáctico, previniéndonos sobre este peligroso ámbito de blasfemia y pecado. “Decir a la gente que con el satanismo no se juega. Las energías negativas de cada persona que hace un rito satánico pueden producir un mal a la persona a la que se le ha inflingido, digamos, esa persecución energética”. Ahí queda eso.

«Esto es todo un movimiento. Todo un movimiento delictivo que puede causarnos muchos problemas. [...] Las sectas satánicas entrañan un gravísimo peligro, un gravísimo peligro. Tan grave como que puede arrastrar a determinados grupos juveniles, y no tan juveniles, puede arrastrarles no solamente a la delicuencia sino a la inmolación [...] Mucha gente se pregunta: “bueno… ¿son locos?”. No, no son locos: son satánicos. “¿Son drogadictos?”. Sí. Pero son drogadictos satánicos».

Antonio José Alés

Y hasta aquí puedo leer.

Nuestras investigaciones en “El Hispano”: un hospital abandonado (1ª parte)
Nuestras investigaciones en “El Hispano”: un hospital abandonado (2ª parte)

Una malvada y promiscua satanista

Oxímoron

«Pensemos en cuántas religiones intentan justificarse con la profecía. Pensemos en cuánta gente confía en esas profecías, por vagas que sean, por irrealizables que sean, para fundamentar o apuntalar sus creencias. Pero, ¿ha habido alguna religión con la precisión profética y la exactitud de la ciencia? No hay ninguna religión en el planeta que no ansíe una capacidad comparable —precisa y repetidamente demostrada ante escépticos redomados— para presagiar acontecimientos futuros. No hay otra institución humana que se acerque tanto.
¿Es todo eso adoración ante el altar de la ciencia? ¿Es reemplazar una fe por otra, igualmente arbitraria? Desde mi punto de vista, en absoluto. El éxito de la ciencia, directamente observado, es la razón por la que defiendo su uso.»[1]

[1] Sagan, C., El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, 1997, Planeta, Barcelona, p. 49

El abuelo se droga

«¿Cómo iba a reaccionar cuando le contara que nuestro abuelo Baldomero había viajado hacía más de 25 años en una nave tripulada por seres extraterrestres y que desde entonces había mantenido contactos esporádicos a nivel telepático con ellos?»[1]

[1] Grupo Aztlán, Los manuscritos de Geenom (I): Terrestres: Esta es la historia, 1993, Proyecto Aridane, Madrid, p.45

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