Satán, yo te invoco
“Me llamo Psicopanadero y soy un adicto”. He vuelto a caer. Soy débil. Pero qué programa, amiguitos del misterio. Qué voces, qué cadencia, qué verbo, qué erudición. Seré fácil de encandilar, pero es que ellos son unos zalameros del sobrenatural zetoso, de la parapsicología bizarra y del ocultismo pop. (Esto último lo he copiado de por ahí, ¿qué tal queda?). Sí, ya lo habréis adivinado; o no, que será lo más seguro. Estoy hablando de los Vázquez Bros., prueba patente y arrogante de que Dios existe y es un cachondo.
En ésta su última, no nueva, cuidado, pero sí última, aventura radiofónica han hablado sobre su hinbestigación en un hospital abandonado y medio ruinoso, probablemente de noche y con linternas a lo Expediente X; porque la valentía y heroicidad, así como el poco seso, de los estudiosos del misterio no conoce límites. Y no sólo han grabado, con los confiabilísimos métodos de control para evitar fraudes o errores que todos conocemos y que no voy aquí a repetir, prístinas voces psicofónicas que se comportan, cómo no, según lo predicho por la casuística; ay, amiguitos, la casuística, qué sería de nosotros sin la casuística. Han hallado también… ¡claras pruebas de la actuación de pérfidos grupos satánicos!
Ah, las sectas satánicas. Joven milenario, puede que si lees ésto o escuchas la maravillosa y profesionalérrima tesis, porque cada programa de los Vázquez Bros. es pura tesis, no captes todas las sutilezas de la amenaza sectárea satánica. Hoy día, los satánicos son más o menos como los testigos de Jehová, los judíos, los islámicos… como los católicos no, que ya se sabe que en éste nuestro gran país aconfesional ellos todavía tienen bula, pero, en fin, no sé si me explico: como todas estas agrupaciones de gente con creencias absurdas e irracionales. Sus ideas están protegidas por la ley y el derecho fundamental de cada persona en creer la majadería y aberración que le venga en gana. Pero antes, oh, antes no era así. Los satánicos, como los masones y otros infraseres por el estilo, eran perseguidos, generalmente desde los medios ocultistas, como bien puedes comprobar en la grabación que a continuación se presenta y, dentro de la misma, en un audio de
Con la explícita voluntad expresada de “no quiero ser sensacionalista”, don Santiago Vázquez nos guía por el grotesco mundo satánico con su habitual tono didáctico, previniéndonos sobre este peligroso ámbito de blasfemia y pecado. “Decir a la gente que con el satanismo no se juega. Las energías negativas de cada persona que hace un rito satánico pueden producir un mal a la persona a la que se le ha inflingido, digamos, esa persecución energética”. Ahí queda eso.
«Esto es todo un movimiento. Todo un movimiento delictivo que puede causarnos muchos problemas. [...] Las sectas satánicas entrañan un gravísimo peligro, un gravísimo peligro. Tan grave como que puede arrastrar a determinados grupos juveniles, y no tan juveniles, puede arrastrarles no solamente a la delicuencia sino a la inmolación [...] Mucha gente se pregunta: “bueno… ¿son locos?”. No, no son locos: son satánicos. “¿Son drogadictos?”. Sí. Pero son drogadictos satánicos».
—Antonio José Alés Y hasta aquí puedo leer.
Nuestras investigaciones en “El Hispano”: un hospital abandonado (1ª parte)
Nuestras investigaciones en “El Hispano”: un hospital abandonado (2ª parte)
Oxímoron
«Pensemos en cuántas religiones intentan justificarse con la profecía. Pensemos en cuánta gente confía en esas profecías, por vagas que sean, por irrealizables que sean, para fundamentar o apuntalar sus creencias. Pero, ¿ha habido alguna religión con la precisión profética y la exactitud de la ciencia? No hay ninguna religión en el planeta que no ansíe una capacidad comparable —precisa y repetidamente demostrada ante escépticos redomados— para presagiar acontecimientos futuros. No hay otra institución humana que se acerque tanto.
¿Es todo eso adoración ante el altar de la ciencia? ¿Es reemplazar una fe por otra, igualmente arbitraria? Desde mi punto de vista, en absoluto. El éxito de la ciencia, directamente observado, es la razón por la que defiendo su uso.»[1][1] Sagan, C., El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, 1997, Planeta, Barcelona, p. 49
El abuelo se droga
«¿Cómo iba a reaccionar cuando le contara que nuestro abuelo Baldomero había viajado hacía más de 25 años en una nave tripulada por seres extraterrestres y que desde entonces había mantenido contactos esporádicos a nivel telepático con ellos?»[1]
[1] Grupo Aztlán, Los manuscritos de Geenom (I): Terrestres: Esta es la historia, 1993, Proyecto Aridane, Madrid, p.45
Dícese de lo paranormal
«El científico participa en reuniones y discusiones. Se encuentra en coloquios universitarios en los que apenas el ponente lleva treinta segundos hablando cuando la audiencia le plantea preguntas y comentarios devastadores. Analiza las condiciones para entregar un artículo a una revista científica para su posible publicación, lo envía al editor y luego éste lo somete a árbitros anónimos cuya tarea es preguntarse: ¿Lo que ha hecho este autor es una estupidez? ¿Hay algo aquí lo bastante interesante para ser publicado? ¿Cuáles son las deficiencias de este estudio? Los resultados principales, ¿han sido encontrados por alguien más? ¿El argumento es adecuado, o el autor debería someter el informe de nuevo después de demostrar realmente lo que aquí es sólo una especulación? Y es anónimo: el autor no sabe quiénes son los críticos. Ésta es la práctica diaria de la comunidad científica.
¿Por qué soportamos todo eso? ¿Nos gusta que nos critiquen? No, a ningún científico le gusta. Todo científico siente un afecto de propietario por sus ideas y descubrimientos. Con todo, no replicamos a los críticos: espera un momento, de verdad que es buena idea, me gusta mucho, no te hace ningún daño, por favor, déjala en paz. En lugar de eso, la norma dura pero justa es que si las ideas no funcionan, debemos descartarlas.»[1]Sé que soy un pesado con esto, pero para contextualizar convenientemente esta cita recomiendo el siguiente programa de radio de
Santiago Vázquez , segunda parte de una monografía sobre fantasmas en la que se hace un recorrido acrítico por el anecdotario típico de la parapsicología, aceptándolo sin más y obteniendo conclusiones que ni siquiera dando por cierto hasta el último detalle de dichos testimonios sería aceptable.Apariciones: ¿existe el más allá? (2ª parte) agosto 2001 (Santiago Vázquez; RM)
Y al hilo, en la primera parte de ese monográfico (aquí; RM) se comenta con estupefacción el “fantasma” de Tres solteros y un biberón, acompañando con el falso relato del niño y la escopeta y maravillándose de lo “paranormal” de semejante escena.
Bruno Cardeñosa tiene mucho que aprender.El “fantasma” de ‘Tres solteros y un biberón’, por Bruno Cardeñosa (You Tube)
[1] Sagan, C., El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, 1997, Planeta, Barcelona, pp. 50-51











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