Falsas atribuciones
La Conducta Supersticiosa la describió Skinner, en sus estudios sobre condicionamiento instrumental, se daba alimento a los animales cuando éstos apretaban una palanca en el momento que se encendía una luz, que les indicaba que el alimento estaba disponible. Esto lo aprendían los animales, después de muchas conductas de ensayo y error, al relacionar la aparición de la luz con la conducta adecuada y la obtención de alimento. En aquel experimento las palomas tenían que apretar una palanca con el pico, en el momento que se encendía la luz, para obtener la comida. Skinner vió a una paloma muy delgada, extrañado porque todos los animales aprendían, observó su conducta y vio que la paloma había hecho un aprendizaje no válido, había relacionado equivocadamente la conducta oportuna. En vez de apretar la palanca levantaba el ala. La primera vez que obtuvo alimento estaría apretando la palanca con el pico y levantando el ala. Hizo la mala atribución de pensar que su éxito se debía a su conducta con el ala.[1]
Y es que no es lo mismo darle al pico que mover el ala…
[1] Rodríguez, C., Almendros, C., 2005, Ladrones de libertad: pseudoterapias “religiosas” New Age, UAM, Madrid, p. 80 (nota al pie)
Regresión infinita
«Yo creo que la ciencia terminará por aceptar alguno de estos planteamientos», explica Javier Sierra. «Terminará aceptando la posibilidad de que podamos haber sido visitados por otras civilizaciones en el remoto pasado de este planeta. Y digo que terminará aceptándolo porque algunos de los popes de la ciencia ya lo han aceptado. Por ejemplo, Francis Crick, que es nada menos que Premio Nobel por haber descubierto la espiral de ADN, se dio cuenta de una cosa elemental, muy obvia, pero muy importante: que de donde no hay vida, no puede nacer vida».[1]
Así, en un primer vistazo, veo una falacia de autoridad, un argumento ad populum, un non sequitur y una afirmación gratuita. ¿Alguien da más?
[1] Jiménez, I., Porter, C., 2007, Milenio 3, El libro, Punto de Lectura, Madrid, p. 675
Fuentes de primera mano informan que…
¿Quién quiere papel teniendo paredes?
Creatividad electromagnética
Tengo un amigo que es un cachondo. Hubo una época en la que cada vez que me comentaba o exponía cualquier idea que se le había ocurrido, comenzaba con la frase: “estaba el otro día jiñando…”. Ya se sabe: donde hay confianza, da asco.
La semana pasada, se me ocurrió en la ducha algo que me pareció tan divertido que casi me desnuco contra uno de los bordes de la bañera. Justo en ese momento se me pasó por la cabeza que quizás nada de eso fuese casual. Que quizás, por alguna razón, el baño está diseñado de tal forma que nuestra creatividad se ve incrementada en él.
Pensé en algún método de validar mis sospechas, de encontrar las causas que podrían hallarse detrás de este extraordinario hecho. Habiendo descartado que se tratase de algún acontecimiento asociado al uso que normalmente se hace del baño, como que tenemos más tiempo para pensar sin ninguna distracción evidente, por ejemplo, calculé a ojo el tiempo y esfuerzo que tendría que invertir en desentrañar tan fascinante misterio. Seguidamente levanté levemente mi camiseta, me rasqué la barriga y caminé hasta el sofá, donde me tumbé y encendí el televisor.
Casualidades de la vida, estaban pasando por el canal Odisea (me parece) un documental sobre casas encantadas. En el mismo, un psicólogo ponía a prueba, en un entorno apto para las apariciones fantasmales, a varios crédulos, quienes reportaban haber vivido, en el transcurso de la prueba, experiencias extrañas como sentirse observados o escuchar ruidos raros. Las experiencias eran reportadas siempre sobre la misma habitación. El psicólogo arguyó que el aspecto fantasmagórico de ésta junto con la predisposición a creer y un campo electromagnético adecuado habían sido, probablemente, la causa de esas vivencias peculiares que comentaron los sujetos puestos a prueba.
En ese preciso momento levanté bruscamente la cabeza, mareándome levemente, y, con los ojos tan abiertos que parecía que se me iban a salir de las cuencas, relacioné ambos casos. Ya existía la creencia de que la creatividad se disparaba en el baño; es evidente que el baño, con su sosiego y su aspecto impoluto, es un entorno adecuado para desarrollar cualquier tarea intelectual; pero, ¿y el campo electromagnético? ¡Hombre, es que eso se da por hecho! Si es raro, diferente al del resto de las habitaciones, no hay más que argumentar. Si es exactamente el mismo, es justo el adecuado para el desarrollo intelectual y… no hay más que argumentar. Sea como sea, gano.
Levanté los brazos por encima de mi cabeza y me ovacioné. Si lleva la palabra ‘electromagnético’, sólo queda recostarse y esperar. Quizás me soliciten pruebas, pero yo tengo, indudablemente, la razón; tengo una hipótesis que suena coherente.
Ah… el contexto del descubrimiento; cuánta manga da y qué divertido es.













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