De culto

Desde hace unos meses La Sexta lleva programando a horas intempestivas series de culto (así las llaman) como The Office o El show de Larry David. A esas horas no hay dios que las vea, pero bueno, siempre puedes grabarlas de la TDT y echarles un ojo al día siguiente; eso siempre que te deje ver el canal y no se te pare o pixele con cierta frecuencia, que es lo que me sucede a mí. (A dos años del apagón analógico y todavía no he podido ver TVE: ¡bien!). Pero en fin, ese es otro tema.
A lo que iba. Ya os he recomendado en un par de ocasiones por aquí que le dedicáseis algo de vuestro valioso tiempo a la serie Rockefeller Plaza. Por ahora sólo la emitían, que yo sepa, por el canal de pago Paramount Comedy, pero La Sexta la va a empezar a poner a partir del próximo martes por la noche/miércoles de madrugada. Y… pues eso, vedla, que está un rato chupi. (¡Igh… ugh…!).
El doblaje es muy bueno, a mi parecer; pero si tenéis TDT quizás os deje echarle el guante a la versión original subtitulada.

30 Rock

Cuando el destino nos alcance

Soylent GreenCharlton Heston es Robert Thorn, un policía corrupto y pluriempleado en un mundo azotado por la superpoblación y la escasez de recursos debida al cambio climático y otras injerencias de carácter antropogénico (¿os suena la película?). Frutas, verduras, carnes, agua corriente y electricidad son lujos que sólo los más ricos pueden permitirse. Los pobres viven hacinados en pequeños apartamentos o en pasillos y escaleras, sin trabajo alguno o trabajando dura y penosamente, en un infierno de monotonía sensorial significativamente ejemplificada por el insípido soylent, el alimento de la muchedumbre. (Existen tres clases de soylent, de las cuales el verde (green) es el más apreciado a la par que el más escaso).
Heston se encarga de un caso de asesinato. Los asesinatos son muy comunes y la mayoría quedan sin resolver, por lo que no hay razón para dedicarle más tiempo del necesario. Sin embargo, su instinto y una chica mona le instan a continuar pese a las presiones de su jefe por cerrar definitivamente el asunto en falso.
De la casa del finado, un tipo rico e importante, Heston se lleva alimentos y lujos como una pastilla de jabón, que sirven como pretexto para mostrar una emotiva escena en la que, junto con su viejo amigo Sol, degusta por vez primera y última un sabroso estofado. Sol es un viejales que se encarga de las investigaciones de despacho, y en este caso concreto le toca analizar un estudio de oceanografía que el fiambre guardaba en su casa y que el bueno de Heston tuvo a bien robar. Y a partir de aquí, los spoilers.
Poco a poco ambos descubren que la cosa es más grave de lo que en principio parecía. El asesinato fue encargado por tipos importantes que, incapaces de apartar a Heston del caso, intentan acabar con su vida, por lo general sin fortuna. Éste, en el transcurso de su investigación, aprovecha para visitar en varias ocasiones la casa del desaparecido ricachón y lisonjearse con los bienes que había acumulado, incluída una linda muchacha a la que se zumba por lo menos un par de veces y que forma parte del mobiliario (se vende junto con la casa, ahí es nada).
Sol, por su parte, se reúne con un consejo de ancianos (un grupo de viejos en una biblioteca), donde expone el libro aquél de oceanografía, llegando a conclusiones inquietantes. Tan inquietantes que el viejales se quita de enmedio acudiendo a un centro de eutanasia (la muerte voluntaria es algo que se valora mucho), no sin antes indicarle a Heston el siguiente paso en su investigación, que le llevará a descubrir que los océanos se están secando y las algas, producto principal a partir del cual se fabrica el soylent green, pudriendo, siendo sustituídas por “personas humanas” (no confundir con ‘personas primates’) ya fenecidas. Heston muere pero le cuenta el secreto al jefe de policía, quien promete darle publicidad, aunque sin mucho ánimo, todo sea dicho. Y fin.
Está entretenidilla, aunque tampoco es nada del otro mundo. De todos modos es conveniente echarle un vistazo, sino a la película sí al menos a la novela, para entender algunas referencias de la cultura popular contemporánea. (En Futurama o South Park, por ejemplo).

Soylent Green Is People!

¡Zi ez una fieghzta!

Si haces reír a una chica, si ve que no te avergüenzas, te la has ganado.

Antológico :-D Lo que me he podido reír con este anuncio…

Cloverfield: A Kenneth’s Dream

Pongámonos en situación. Cloverfield es una película de 2008, inexplicablemente titulada Monstruoso en España, de J. J. Abrams, el cocreador de Perdidos. Se trata de una supuesta grabación amateur de un ataque a Nueva York a lo Godzilla, cuyo secretismo antes del estreno levantó muchas expectativas (demasiadas, a mi parecer, ya que tampoco es pa’ tanto) y sobre cuyas conexiones tras éste, huevos de pascua y futuros proyectos para esclarecer los puntos oscuros de la trama se está hablando también mucho.
Kenneth es el botones de la NBC en la serie, ya recomendada por aquí, Rockefeller Plaza (30 Rock en el original), un paleto beato de una religión extraña y muy inocente y servicial forzado a tratar con las excentricidades de las estrellas de la televisión.
En España ya se retransmitió la primera temporada de la serie, pero para la segunda, ya acabada en EEUU, parece que la cosa todavía va para largo. Aunque quería esperar a la versión doblada, que no está nada mal, no me pude resistir y me pimplé toda la temporada en inglés antes del partido de la Eurocopa (por cierto, menudo partidazo de Portugal; es una pena que no tuviesen tanta puntería como Alemania). No lo notáis porque estoy escribiendo, pero todavía tengo la mandíbula desencajada.
En el episodio siete hay algo que me llamó mucho la atención…


El botones, Kenneth, enseña por error el último dibujo de su diario de sueños, un monstruo atancando la ciudad y siendo bombardeado por un par de helicópteros, para terminar apostillando que “hasta el momento siempre se han cumplido”. El episodio se pasó meses antes del estreno de Cloverfield, pero ya en aquellos momentos levantó algunos comentarios y preguntas sobre si se trataba de otra pista más en el juego del monstruito, si era marketing viral.
A mí, la verdad, es que me recuerda más al lagarto de Rampage, juego mítico que consistía en romper cosas y matar gente. Yo es que siempre he sido un poco sádico; no torturaba moscas quitándoles las alas pero mataba a todos los lemmings que me sobraban para pasar a la siguiente pantalla. Además, sabía hacer el Fatality de Sub-Zero en el Mortal Kombat de la Master System II.

Cloverfield: A Kenneth's Dream

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