Aunque con algo de retraso…

Pérez-Reverte se hace eco de las pretensiones neologistas de su Excma. Doña Aído, ministra, miembra y oradora erudita, quien parece todavía un poco confusa sobre la función de los genitales. Esperemos se informe pronto.

La lengua española, que en este país miserable ha resultado ser arma política útil en otros ámbitos, les viene chachi. Por eso están embarcadas en una carrera de despropósitos, empeñándose, cuatro iletradas como son, en que cuatrocientos millones de hispanohablantes modifiquen, a su gusto, un idioma donde cada palabra es fruto de una afinada depuración práctica que suele ser de siglos, para adaptarlo por la cara a sus necesidades coyunturales. A su negocio.

¡Yo no soy tonto!…

Yo no soy tonto, soy idiotaUf, dos entradas en un día, y tan seguidas… no me reconozco.
Por si alguien no se ha enterado todavía, los petardos y bocinas y la muchedumbre que corría asalvajada por las calles esta medianoche se debe a que la gloriosa selección de ¡EJPAÑA! ha ganado los cuartos de final de la Eurocopa ante Italia, a penaltis y con la providencia mediante.
En la bitácora de Escolar, que para variar ha hablado de fútbol y no del PP, hay un comentario que nos recuerda una publicidad de principios del campeonato:

JOJOJOJO ¡A tomar por culo Media Markt!

Para quien no lo haya visto, en el anuncio de Media Markt se hacía una de esas típicas apuestillas deportivas: si comprabas una tele y España pasaba de cuartos, te devolvían una cuarta parte de su coste.
Lo que no te decían, y que aparecía en letra minúscula y velocidades supersónicas por la pantalla, era que el aparatito en cuestión había que pagarlo a tocateja y que el dinero te lo devolvían en forma de tarjeta descuento para utilizar en sus tiendas. Tampoco te decían que lo que te devolviesen probablemente ya te lo habrían cobrado de más en el televisor. En fin, mucha información desaparecida; y de Media Markt, más vale desconfiar: Yo no soy tonto, pero Media Markt piensa que sí.

¡Yo no soy tonto! No compro en Media Markt

Ramoncín Strikes Back

Ayer tuve la dicha de ver una entrevista a Ramoncín en el programa Solo ante el peligro de Paramount Comedy. Más dichoso fui aún cuando pude grabarla para subirla y ofrecérsela desinteresadamente al mundo.


¿No os parece adorable? Y tiene mucha razón en lo que dice. Porque, a ver, imagínate que vas a adquirir una grabadora de DVD o una tarrina de CDs y, de repente, de las vueltas que el tendero te tiene que devolver, un tipo te roba una parte; no contento con eso, el ladrón utiliza parte de ese dinero (la otra parte se dirime en nadie sabe muy bien qué) para cofinanciar (junto con el Estado, que no sabemos tampoco muy bien qué cojones hace lustrándole la bayoneta a esta gente para que azuce y persiga a la sociedad) anuncios que se televisarán e incrustarán en cines y deuvedés llamándote delicuente y contratar abogados para enriquecerse aún más a tu costa. ¿No dirías de ese tipo que, como poco, está errado? ¿Que su forma de actuar y el beneplácito del Gobierno son, cuando menos, injustos? Pues contra eso es contra lo que lucha Ramoncín. Ehm… espera…

«Los anónimos que sigan haciéndose pajitas delante de la pantalla del ordenador».

Ramoncín, cantante, erudito y orinador público.
Ramoncín, mente privilegiada de nuestro tiempo

No era un lapsus: es idiota

«[...] hay una cuestión de género de fondo, de machismo. De hecho, de los 43 miembros de la Academia, sólo tres son mujeres».

Aído en la Cadena Ser, insistiendo en sus errores como buen político.

La ministra de Igualdad, que acusa a otros sexismo, no puede evitar focalizar hasta el discurso sobre sus deslices y gilipolleces como esas en la entrepierna de los demás. Olvidándose de que ha sido una de esas tres mujeres quien le ha dado la réplica, no sobre lo de miembras, sino sobre el uso antieconómico que hace del lenguaje, y de que, como su cargo tendría que recordarle, no debería juzgar a la gente por cómo se balancean sus genitales a merced de la gravedad.
Ignora, además, cuál es el papel de la RAE; y no es crear y modificar el lenguaje a gusto de los políticos:

«Las palabras no significan lo que significan porque lo diga el diccionario o porque así lo hayan decidido los académicos en conciliábulo. Los principios que articulan la estructura de la gramática tampoco son como son porque los hayan acordado los académicos, sea con la participación de las mujeres o sin ella. Las lenguas no son, en suma, el resultado de un conjunto de actos conscientes de los individuos».

Ignacio Bosque en respuesta a acusaciones similares.

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