Precursores y profetas
Me encontraba, alegre como una mariposa, leyendo la versión digital de
El sector feminista del PSOE, según varias de sus miembras más destacadas, se contenta con que “se abra la puerta” a la reforma de la ley, “con un compromiso explícito de que se mejorará la regulación actual”.
Se trata de un artículo sobre la reforma de la ley del aborto escrito por un tal Gonzalo López Alba hace meses; y resulta curioso el contexto en el que aparece. ¿Ha tenido el palabro presencia, más allá de la puramente anecdótica, en los ambientes o debates feministas? Si es así, ¿es de uso común o más bien marginal? ¿Podré hallar evidencia vía Google en los cinco minutos que le pienso dedicar a buscar esta mierda o se verá mi escaso denuedo frustrado al no poder distinguir convenientemente una genuina agresión lingüística de un desliz, genuino también, de teclado? Y el ornitorrinco, ¿qué pinta en todo esto?
Envalentonado ante un nuevo reto que se cernía sobre mi vida sedentaria y ociosa, olvidé cualquier duda e inseguridad y me lancé a la aventura. Por desgracia, las primeras páginas estaban copadas por noticias sobre lo sucedido con (o a) la ministra y reacciones a las mismas.
No habían pasado ni dos minutos, los más largos que he experimentado si no contamos aquella vez en la que me caí a la jaula de los gorilas, cuando un nuevo dato hacía más emocionante, si cabe, mi investigación: un artículo de
¿Por qué no ir hasta el fondo del asunto, escribiendo «Las miembras y los miembros afectadas o afectados por posibles causas o causos»?
Joder, joder, esto pintaba mal. Ya se me habían pasado los cinco minutos tan sólo con la descoyuntura de mandíbula que me había producido el artículo de Reverte y todavía no había encontrado más anacronismo que aquél. ¿Podría dar con la referencia previa de un uso generalizadamente horrendo del palabro de la ministra en entornos feministas (o hembristas o lo que sea)? ¿Llegarían mis superficiales averiguaciones a proporcionarme la información necesaria para saber si fue una mera cuestión psicólogica o hubo estrógenos y vaginoplastia de por medio? Y el ornitorrinco… vale, vale, ya lo dejo…
Fue en ese mismo instante cuando me percaté de que el tema requeriría de mí grandes dosis de inteligencia, sagacidad, esfuerzo y paciencia. Así que cerré el navegador y me puse a ver

¡Bienvenido a Mr. Sonrisas!
El pesimismo no crea puestos de trabajo. [...] La economía no es una ciencia exacta.
Zapatero , Presidente del Gobierno y gerente de RRHH vocacional.
Los puntos de mis íes son siempre caritas sonrientes; mis tes, sin embargo, tienen forma de puñales oxidados.
Ejemplos representativos
Con el quítame-allá-esos-hectolitros de la última bronca PP-PSOE sobre trasvases que no son trasvases, campos de golf y naranjas de la china (de una china que tiene una frutería en Valencia, quiero decir), se repite sin cesar una expresión que pretende ser representativa del consumo de agua urbano: “agua para boca” o “agua para beber”; ya ves, como si de los ciento y muchos litros de agua por persona y día que se consumen, la mayor parte se fuesen en hidratar el gaznate. Hasta el agua utilizada para arrastrar los orines vespertinos por el retrete es más voluminosa que el “agua para boca”. En fin, supongo que ‘agua para la cisterna’ suena peor.
De todos modos, si la expresión no es la más acertada, tampoco parece que sirva para justificar el trasvase o transporte o como cojones lo quieran llamar de agua del Segre a Cataluña. Si la prioridad, como quieren hacernos creer, es el “agua de boca”, lo normal sería que las restricciones en épocas de sequía afectasen principalmente al sector industrial y agrícola. El trasvase-que-no-es-un-trasvase, sin embargo, sirve para salvar a estos sectores de mayores penurias, como explicó Josu Mezo hace un par de semanas en su blog de ADN:
[...] parece difícil imaginar que entre medidas de ahorro, o de suspensión temporal de los regadíos en algunas zonas, no sea posible “encontrar” los 45 hectómetros que, como máximo, se dice que se trasvasarían desde el Segre. Pero claro, con el agua, como con el dinero, es más cómodo, expeditivo y políticamente rentable conseguir una ayuda exterior que ahorrar o mejorar la gestión.
Ya se sabe: de aquéllos polvos vinieron estos hijos de puta.
El pene y la pena
Me encantan los discursos por la igualdad. O la Igualdad. O la IGUALDAD. Como sea. Y, ¿a quién no le gustarían? Bueno, sí, vale, a veces resultan empalagosos de lo buenrollistas que suenan. Y mira que es difícil decir que, si no vamos a mantener relaciones sexuales, me da igual que seas hombre o mujer, sin llegar a ser basto. (’O follamos todos o la puta al río’ es una forma poco sutil de aludir a las políticas de igualdad, por ejemplo).
Aunque suene raro, a la gente, para según qué cosas, no le importa cuán bajo cuelguen tus genitales. A la gente buena, me refiero. A la gente excepcionalmente buena, por el contrario, el sexo de los individuos le interesa mucho. Aunque no lo llaman ’sexo’ sino ‘género’, que es como igual pero diferente. O igual en su diversidad. O diverso en su igualdad. O algo así. Y no les importa para reducir a los individuos a estereotipos arcaicos, como a los machistas y las machistas (iba a poner un ‘l@s’ desos, pero eso tiene que ser malo de leer; seguro que se te traba la lengua), sino para hacerlo a estereotipos modernos. Porque la modernidad es positiva y comunitarista, en lugar de negativa y disgregadora, que es exactamente lo contrario de lo primero que he dicho y parece redundar en la idea de forma innecesaria; pero queda bonito. Porque lo innecesario queda bonito. O eso quiero pensar que piensan que creen que saben que les parece que sienten los individuos e individuas que pueblan o viven o anidan o abonan este verdeazulado planeta, en justa reciprocidad con mi visión golosa del mundo.
Por suerte, el Universo es un lugar bondadoso, aunque complejo. No hay una enorme cabeza voladora que te indique qué hacer, como en el











Entradas