Se llama Robert Paulson

Se llama Robert Paulson

Logro desbloqueado

Podría hablar aquí de lo vago que soy, de cómo mi pereza me domina y me dedico a rezongar en lugar de ayudar a la gente necesitada, convertirme en persona provechosa para la sociedad o, simplemente, escribir en este humilde bleug vuestro, que no mío. Pero en lugar de ello pretendo darme solera, que ya va siendo hora de que al menos yo reconozca mi valía y mi insustituible presencia intelectual y física. Y para ello recurriré a la más inmoral y deleznable de las tergiversaciones denominando a lo que haré a continuación no copia, traslación indigna, ombliguismo inaceptable u aprovechamiento ilegítimo sino reciclaje; porque reciclar es bueno, amigos: reciclad; salvad el planeta.
Un forista abrió, en el foro de Game Over, un tema con el que pretendía recopilar logros de la vida real. Con ello, nuestro querido e inspirador amigo se refería a que reseñásemos brevemente azañas acontecidas en nuestra grisicidad vital del mismo modo en que aparecen los llamados logros cuando se completa uno de estos en un juego de la Xbox 360, que no es sino con un nombre identificativo asociado a una descripción somera del hecho. Lo que voy a hacer es pegar aquí lo que escribí allí porque al fin y al cabo todas estas azañas, estos logros, para mí son en mayor o menor medida traumas; y no es que a mí me guste traumatizar a los amables y desinteresados lectores con las penurias de mi existencia sino que he pensado que quizás contemplar la desdicha de un hombre bello, joven, sano, fuerte, recio, viril, musculado, dionisiaco y, ante todo, modesto como yo, podría ayudarles a sobrellevar el día a día. En fin, disfruten de este espectáculo de degradación humana.

Currículum a los dieciocho – Haber cursado estudios en cinco institutos diferentes.
Superviviente – Sobrevivir un mes a base de huevos fritos y pan Bimbo.
Cum Laude – Simplificar una ecuación en el laboratorio de electrónica y ser por ello laudeado por tus compañeros.
Carlos tiene un circo – Jugar al ‘Circus Charlie’ en una NES, una NES falsa, una consola que exclusivamente traía dicho juego, un emulador y una Nintendo DS.
Matrícula de honor – Pasar de ser aludido por el apellido a por el nombre a causa de una nota extraordinariamente alta en un examen.
Lost in translation – Perderse en Marsella.
Es peor el remedio que la enfermedad – Participar en una obra de teatro escolar como alternativa a la clase de bable.
Dogz – Intentar llamar a tu perro como el personaje de una película que no recuerdas bien y, por lo tanto, terminar bautizándolo como una marca de licores.
Luchador callejero – Que, jugando, te rompan un diente de un Shoryuken.
¡¡Tetassss!! – Robar porno de una caseta de “los mayores”. [Inciso: el porno MÁS BIZARRO que he visto nunca].
San Destripado – Ir de bulto en una bicicleta y meter el tobillo entre los radios con sangrientas consecuencias.
El hombre de acero – Tener unos huesos tan duros que sea considerado una enfermedad.
Siguiendo a Norman Bates – Que en la única foto tuya que se conserva de cuando eras un bebé aparezcas travestido.
Deficitario – Que te rebajen la nota de un examen alegando que a tu nombre le falta una tilde. ['Jonathan' no lleva tilde; por favor...].
Lapsus linguae – Pasar dos años en el logopeda intentando tocarte la nariz con la lengua debido a que no pronuncias correctamente la letra ‘r’.
Virilidad palmaria – Que tu hombro sirva de refugio a una desconocida atemorizada por la escena de una película en el cine.
Suministrador – Grabar porno del Canal + a tus compañeros de clase.
Menos que cero – Obtener una nota inferior a cero en un examen.
El hombre de la casa – Comer en una residencia de estudiantes femenina.

La memoria es frágil

En la mesita al lado de mi cama tengo un pequeño bloc de notas donde escribo ocurrencias, ideas o argumentos que me van surgiendo en el transcurso de la lectura de un libro, un artículo o cualquier otra cosa. En muchas ocasiones, al no tener a mano un marcapáginas, arranco una hoja escrita de ese pequeño cuadernillo y la uso como tal.
Esta mañana se ha caído un papel de entre las páginas de uno de mis libros. Había algo críptico escrito en él, algo muy desconcertante que no sé exactamente en qué momento del duermevela en que suelo rellenar dichas notas pude redactar. Rezaba así:

¿Cuántos extraterrestres hacen falta para cambiar una bombilla?
Uno para cambiarla y todo el gobierno de EEUU para ocultarlo.

Estas cosas me inquietan.

Angst!

«CRISIS DE LOS VEINTICINCO AÑOS: Período de hundimiento mental que se produce después de los veinte años, normalmente provocado por la incapacidad para vivir fuera del mundo de la enseñanza o de los ambientes estructurados, acompañado del descubrimiento de la propia soledad en el mundo. A menudo supone la iniciación en el ritual del consumo de fármacos.»[1]

¡Ay!

[1] Coupland, D., Generación X, 1993, Ediciones B, Bilbao, p. 48

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