Dícese de lo paranormal
Un día como hoy el 12 de Marzo del 2009...
Archivado en El fascio escéptico, Ex libris
«El científico participa en reuniones y discusiones. Se encuentra en coloquios universitarios en los que apenas el ponente lleva treinta segundos hablando cuando la audiencia le plantea preguntas y comentarios devastadores. Analiza las condiciones para entregar un artículo a una revista científica para su posible publicación, lo envía al editor y luego éste lo somete a árbitros anónimos cuya tarea es preguntarse: ¿Lo que ha hecho este autor es una estupidez? ¿Hay algo aquí lo bastante interesante para ser publicado? ¿Cuáles son las deficiencias de este estudio? Los resultados principales, ¿han sido encontrados por alguien más? ¿El argumento es adecuado, o el autor debería someter el informe de nuevo después de demostrar realmente lo que aquí es sólo una especulación? Y es anónimo: el autor no sabe quiénes son los críticos. Ésta es la práctica diaria de la comunidad científica.
¿Por qué soportamos todo eso? ¿Nos gusta que nos critiquen? No, a ningún científico le gusta. Todo científico siente un afecto de propietario por sus ideas y descubrimientos. Con todo, no replicamos a los críticos: espera un momento, de verdad que es buena idea, me gusta mucho, no te hace ningún daño, por favor, déjala en paz. En lugar de eso, la norma dura pero justa es que si las ideas no funcionan, debemos descartarlas.»[1]
Sé que soy un pesado con esto, pero para contextualizar convenientemente esta cita recomiendo el siguiente programa de radio de
Apariciones: ¿existe el más allá? (2ª parte) agosto 2001 (Santiago Vázquez; RM)
Y al hilo, en la primera parte de ese monográfico (aquí; RM) se comenta con estupefacción el “fantasma” de Tres solteros y un biberón, acompañando con el falso relato del niño y la escopeta y maravillándose de lo “paranormal” de semejante escena.
El “fantasma” de ‘Tres solteros y un biberón’, por Bruno Cardeñosa (You Tube)
[1] Sagan, C., El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, 1997, Planeta, Barcelona, pp. 50-51
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