Pequeña Miss Sunshine

Un día como hoy el 8 de Marzo del 2008... 
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pequemisssunshine01.jpgAyer no tenía nada mejor que hacer y me puse Pequeña Miss Sunshine. Era esa o Amélie, así que creo que hice la mejor elección posible. Se trata de una comedia guión drama, o algo así. Por un lado pretende ser cómica presentando a los personajes en situaciones estrambóticas, mientras que por otro aspira a ser emotiva exponiendo sus penurias. Desafortunadamente, o no, yo no tengo sentimientos, ya que poseo un pene desmesuradamente grande y, en fin, no los necesito, por lo que es posible que la parte dramática quede un poquito excluída del texto. Además, después vi una porno.

Con una excusa banal, seis extravagantes miembros de una misma familia, unidos por la sonrisa de una niña y albergando en sus corazones la candidez que realizar una buena obra conlleva, efectúan un viaje infernal en una camioneta infernal y hacia un lugar… ehm… infernal. Cuales modernos Charles Manson en busca de su Sharon Tate, los personajes afrontan con valentía y tesón todos los obstáculos, que no es poco, que constantemente salen a su paso, sin perder ni la ilusión ni las ganas de vivir (excepto uno), hasta llegar a su destino y desafiar ciertas normas sociales y de comportamiento y acabar, por ello, en comisaría. ¿Veis? Como Charles Manson.
El grupúsculo lo componen un suicida experton en Proust interpretado por Steve Carrell (Michael Scott en The Office; ¿a que ahora sí os suena?), un adolescente misántropo y algo reservado con el afán de llegar a convertirse en piloto aéreo (no sabemos con qué intenciones), un abuelete aficionado al porno y a las drogas duras, una madre comprensiva con las neuras y filias extrañas de su familia pero condenada al infierno por fumarse algún que otro pitillo de vez en cuando sin que medie coito alguno, un padre fracasado incapaz de vender su libro de autoayuda a nadie y una niña tan mona y tan rica que dan ganas de vomitar. Aunque comienzan con reticencias, tras muchos desmanes todos se aunan y pierden el culo por llegar a un hotelucho perdido de California para que la criaja participe en un concurso de belleza infantil, atracción y anhelo de pederastas de todo el estado y catálogo de futuras prostitutas de lujo y fiambres por sobredosis. No gana, pero alborota al personal que acude al ñoño evento con un baile más bien propio de una Britney Spears quinceañera a punto de perder la virginidad en los baños sucios de alguna discoteca cutre, que es, a su modo, una victoria también. El abuelo palma y todos aprenden una valiosa lección durante el trayecto, aunque ahora no me acuerdo porque lo de que después vi una porno era cierto; y dos eventos tan distintos y a la vez tan juntos crean severos conflictos en una mente hipotrófica como la mía.

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