Ultimátum a la Tierra

Un día como hoy el 27 de Febrero del 2009... 
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Carátula de Ultimátum a la TierraYo es que soy así, qué le vamos a hacer. Pese a todas las advertencias y las malas críticas tuve que verla, porque sólo soy feliz con estas sórdidas y funestas excrecencias del peor y más probre cine. Bueno, quizás me he pasado un poco.
La película comienza con Keanu Reeves en la Antártida, o algún lugar de por ahí cerca. Le pasa algo, qué más da qué, ¿verdad?, y ya nos muestran a Jennifer Connelly, que es a quien en realidad queremos ver, impartiendo una clase de Biología, Astrobiología, Microbiología o yo qué sé. Les pone deberes a los muchachos y se va para casa a cuidar a Damien, digo a Jaden Smith, el hijo de Hancock y Niobe a quien todos sabemos por qué le dieron el papel.
Todo transcurre de forma plácida mientras el encuadre y la iluminación permiten evocar sin injerencias la escena lésbica de Réquiem por un sueño o, bueno, quizás alguna más erótica y menos fuerte de cualquier otra película, es decir, mientras el protagonismo recae más del lado de Jenny que de cualquier otro personaje. La sustraen de su hogar, alejándonos muy agradecidamente del crío del agente J, y la meten en un helicóptero o un camión o algo de eso, no lo recuerdo muy bien, junto con un montón de científicos más y un ingeniero. Le cuentan que un objeto viajando a una velocidad cercana a la de la luz se va a hostiar contra la Tierra, destruyendo, casi con toda probabilidad, el Dunkin’ Donuts de Folsom Street esquina con Canyon Boulevard en Boulder, Colorado, y quizás también el resto del planeta. Y lo va a hacer ¡YA!

Sorpresivamente para todos, la cosa no llega hasta tales extremos. Una esfera brillante se posa sobre Manhattan y de ella salen Keanu Reeves y el pívot de Raticulín en la NBA intergaláctica. A Neo le pegan un tiro, se lo llevan a una base improvisada, le curan, le preguntan que qué hace por allí, que si turismo o negocios, la loca de Misery hace que le interroguen con un polígrafo que no sale bien porque, en fin, no tiene mucha fiabilidad y, además, las preguntas de testeo son una vergüenza, hay que ser muy primo para creerse que las reacciones fisiológicas que aparecen al responder esas trivialidades serán similares a las que aparezcan al comentar una verdad de, digamos, más enjundia; ah, y bueno, porque el bicho, esto, Keanu, que se llama Klaatu en la película, se escapa sin responder una mierda, recalando en una estación de tren, o de autobús o de algo por el estilo, no estoy yo muy fino con los transportes, donde le da un chungo, una hipoglucemia o una salmonelosis, algo de eso.
Llama a la Connelly, que cuando estaba en la base se portó muy bien con él, y le dice que vaya a buscarle, que ahí hay mucho crío llorón y mucho anciano gritón. Se pasan a por él, sí, en plural, Connie y su hijo, o hijastro, el Jaden, que ya por aquel entonces se ha ganado mi desprecio absoluto y ha sido torturado hasta la muerte de las formas más crueles e inimaginables, y se lo llevan a un MacDonalds a hablar en chino con un tío que parece chino pero que no, quien le dice que sí, que los humanos, ¡piugh!, un asco, unos tíos penosos, un desastre, de lo peorcito que te puedes echar a los ojos, pero que hay una tía con voz suave y melosa y pezones como saetas flamígeras que le hace tilín, o que los humanos tienen un no-sé-qué, una de las dos, y que prefiere quedarse allí pese al genocidio que tienen preparado a irse. Porque sí, el Klaatu y el bigardo aquél que vino con él van a cargarse a la humanidad; qué cosas, ¿eh?, con la de tiempo que lleva la humanidad intentando lo mismo.
Después de comerse un Big Mac y unas papas fritas, Klaatu, Jenny y el crío asqueroso ese se van en coche al campo, al bosque más bien, donde K. hace aparecer una esfera parecida a la de Central Park del légamo pantanoso y Connelly descubre con consternación lo que nosotros ya sabíamos desde el principio, que somos gente leída: Johnny Mnemonic ha sido enviado a la Tierra a decidir si los humanos son buenas personas y están dispuestos a reciclar las latas de Pepsi o si, por el contrario, son de esa gente que tira al cubo de restros orgánicos de todo, papel, plásticos o lo que se tercie.

Pasa algo más, ¡piung!, ¡pañum! Acción, acción, coche, ¡boum!, explosión, corre, corre que te pillo y llegan a casa de John Cleese, quien tiene experiencia enfrentando bestias homicidas como demostró en Los caballeros de la mesa cuadrada. Después de jugar con Harker al Telesketch de nuestros padres, la pizarra, se sientan, le exponen la situación y en cinco minutos le explica a Klaatu que los humanos son un poco cafres pero que la exterminación es como un poco demasiado y que si ellos consiguieron no cargarse su planeta evolucionando (como los Pokémon), los humanos mucho más, y los norteamericanos ni te cuento, que para algo son la primera potencia económica, militar y científica del mundo, muchacho. Mientras Cleese le pone los puntos sobre las íes a Keanu, con educación, despacito y sin exabruptos, eso sí, y hace, por petición popular, lo de la Spanish Inquisition, Jaden, el crío del demonio, que está viendo la tele y dejándonos descansar un poquito de su empalagosa y cargante presencia, aprovecha para llamar a la policía, el hijoputa. (Agh, cómo lo odio; sé que probablemente no sea su culpa, que cualquier mocoso sería igual de enervante, pero no lo puedo evitar).
Tras escapar de la casa del Monty Python, K. y el crío de los cojones se hacen colegas en la huída; a Jenny la pillan de mala manera y la llevan ante la de Tomates Verdes Fritos, quien le recrimina su actitud y le dice que muy mal, que esta noche se queda sin postre o algo así y que ya hablará con los padres de Klaatu para que le apliquen el correctivo adecuado.
Después de una lacrimógena escena en la que el frágil y pequeño cuello de Jaden se quebraba entre mis manos frías en una demencial catarsis alucinatoria como no he tenido en mi vida, K., crío lastimero y cabrón y Jenny se reencuentran, esta vez con el beneplácito gubernamental, y se van a parar al gigante que venía en la esfera y que a esa hora debía estar sodomizando Manhattan. Y así es, ya ves tú.
Klaatu sacrifica su vida para darle al botón de apagado y nos salva el culo a todos, no sin antes socorrer a Jaden y a Jenny, que estuvieron a punto de palmar; ese jodido retaco asqueroso jugó con mis sentimientos haciéndose el muerto por unos segundos, nunca se lo perdonaré. Y, bueno, fin.
Los primeros veinte minutos, o por ahí, no están mal, pero luego pierde, pierde mucho, muchísmo. El renacuajo es matable. Jennifer Connelly está muy bien, y además hace un buen papel pese a la adversidad de un guión execrable que deja a los sollozos de un niño la supervivencia de la especie. Keanu Reeves, impasible e inhumano, como siempre. Y al que se le ocurrió la escena del cementerio que no me lo encuentre por la calle.

Keanu mira con cara de sorpresa al interrogador

4 comentarios

  1. gran mierda de peli, un colosal marrón, en vez de la antártida yo creo que era el himalaya, el klaatu muy comprensivo el tío, viene a avisar a la humanidad en plan colega pero en cuanto le dicen que vuelva mañana, se pica y decide destruir la tierra, bueno la tierra no, a la humanidad, lo que más me indignó fue el argumento de que hay pocos planetas habitables y por eso hay que protegerlos, eso debería preocuparnos a nosotros que somos los que vivimos aqui, ¡por diox!, el universo está lleno de planetas bonitos y azules

    yo aconsejo a klaatu que la próxima vez se haga un buen powerpoint con datos y proyecciones de lo que nos espera, y se haga una gira en plan al gore haciendo demos de su poder extraterrestre, ya verá como le hacemos caso todos

    engelson nos ilustró un tal 27 de Febrero...     

  2. Me he partido, muy buena crítica. El principio es lo mejor, es verdad. Cuando aparece el robot hasta resulta impresionante. Siempre es un suicidio hacer un remake de un clásico, no te digo de un clásico friqui.

    Gerardo nos ilustró un tal 27 de Febrero...     

  3. Engelson, hay que comprenderlo, fue a caer a un lugar muy chungo, en época de Bush, además. Aunque si ya había decidido ir a EEUU tendría que haber previsto que probablemente le recibirían a tiros.
    Gerardo, el momento del robot es de lo mejorcito, aunque luego no le den bola el resto de la película. Hacer un remake clásico es un suicidio de cara a la crítica friqui esa a la que hacer referencia; no conozco la recaudación, pero no debió ser una mala inversión. Un blockbuster más para la colección, de los que se olvidan de hoy para mañana, aunque nos lo vendan como algo más. Así nos luce luego el pelo; dentro de nada hasta Uwe Boll querrá hacer remakes de estos.

    Psicopanadero nos ilustró un tal 2 de Marzo...     

  4. La Connelly me pone durazno, mendiós!

    Chufflo nos ilustró un tal 6 de Marzo...     

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